Algo para Pensar — Parasha Re’e ( martes, 19 agosto 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal…” (Deuteronomio 30:15)

Ayer dejamos una pregunta flotando en el aire: ¿Por qué la Torá dedica tanto espacio a explorar las luchas internas de una persona al momennto de tomar decisiones?

Al reflexionar sobre esto, vemos que la elección entre la vida y la muerte tiene un eco claro en los orígenes de la humanidad. En el relato del Génesis, se nos cuenta:

“El Eterno Dios hizo crecer del suelo toda clase de árboles hermosos a la vista y con frutos deliciosos; en el centro del jardín estaba el árbol de la vida, y también el árbol del conocimiento del bien y del mal… Y le ordenó al hombre: ‘Puedes comer de cualquier árbol del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que lo hagas, sin duda morirás’” (Génesis 2:9, 16-17).

Un árbol representa la vida; el otro, la muerte. Parece obvio que nadie en su sano juicio elegiría la muerte, ¿verdad? A menos, claro, que una «serpiente» astuta murmure ideas tentadoras, animándonos hacia la autodestrucción.

Este relato es una metáfora universal. Todos vivimos en una especie de Jardín del Edén, con la vida y la muerte frente a nosotros, y Dios invitándonos a elegir la vida. Pero, lamentablemente, seguimos escuchando a esas “serpientes” — reales o imaginarias — que nos seducen hacia decisiones destructivas, ignorando las consecuencias negativas que traen.

Desde el principio, el mundo fue diseñado con la libertad de elegir. En esencia, todas nuestras decisiones se reducen a optar entre la vida o la muerte, aunque no siempre lo veamos así.

El potencial para el mal o el sufrimiento es parte del proceso de creación, o quizás un resultado de ella. Como dice el versículo: “Y vio que todo era muy bueno” (Génesis 1:31).

Según el Midrash, “bueno” se refiere a la inclinación al bien, mientras que el “muy” apunta a la inclinación al mal. ¿Cómo puede ser el mal algo “muy bueno”? Porque, aunque parezca contradictorio, sin esa inclinación al mal, nadie construiría una casa, formaría una familia ni perseguiría grandes metas (Kohelet Rabbah 3:15).

Aquí está el punto clave: Dios, en su infinito poder, creó tanto el bien como el mal. Atribuir estas fuerzas a cualquier otra entidad sería negar el monoteísmo.

Pero entonces, surge la gran pregunta: ¿Por qué un Dios completamente bueno, siendo la esencia misma del bien, incluiría el mal en su creación? ¿Cómo puede el Midrash considerarlo el mal algo “muy bueno”?

Mañana continuaremos esta exploración.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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