Algo para Pensar — Parasha Pinjás (jueves, 17 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Pero la tierra será repartida por suerte y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán.” (Números 26:55)

Nosotros los seres humanos — al menos, los que somos organizados — nos enorgullecemos por la medida de control que ejercemos sobre nuestras vidas. Planificamos nuestra educación, decidimos con quién casarnos, elegimos una comunidad, trazamos una carrera y ahorramos para la jubilación.  ¿Correcto?

Nos atribuimos el mérito de nuestros logros y asumimos la responsabilidad de nuestros fracasos. La vida, insistimos, es un asunto recíproco, en el que se cosecha lo que sembramos y obtenemos aquello por lo que hemos pagado.

Pero de vez en cuando, suceden cosas que nos enfrentan con una situación que no es obra nuestra ni está en nuestro control. Algo que parecía fácilmente alcanzable, nos resulta incomprensiblemente esquivo. 

Otras cosas «nos suceden» a pesar de todos nuestros esfuerzos por evitarlas. Y son, precisamente estos momentos, los que nos ayudan a darnos cuenta que hay una dimensión en nuestras vidas en la que somos RECEPTORES PASIVOS de lo que se nos otorga desde Arriba.

Finalmente, están esos aspectos de nuestra personalidad y experiencias que no son parte de ninguno de los casos anteriores —o sea, que no son ganados ni concedidos. 

Hay elementos de nuestra existencia — como nuestro amor por nuestros hijos, nuestro deseo de vivir, nuestra búsqueda de significado y propósito, nuestro compromiso de “hacer que las cosas funcionen”— que simplemente no podrían ser de otra manera. Hablamos de elementos de nuestra existencia que son parte integral del quiénes y qué somos.

En el cuadragésimo año después de su Éxodo de Egipto, mientras el pueblo de Israel se preparaba para entrar y tomar posesión de la Tierra Santa, Dios instruyó que se utilizaran dos métodos muy diferentes para dividir la tierra entre las tribus y familias de la nación recién nacida. 

Por un lado, debía ser una división racional, con la parte de cada familia designada de acuerdo con su número — “a los más numerosos aumentarás… y a los pocos disminuirás.” 

Por otro lado, cuando se trataba de determinar qué parte de la tierra se iba a dar a cada tribu, se echaron suertes. Una lotería es la antítesis de la lógica y la razón: “Por decreto de la suerte será dividido el de cada tribu, ya sean muchos o pocos.” 

Después de los milagros del Éxodo y una existencia milagrosa en el desierto, el pueblo de Israel ahora estaba entrando en una fase más natural de su historia: debían asentarse en la tierra, labrar su suelo y establecer las instituciones sociales y comerciales típicas de una entidad geopolítica. 

El aspecto racional de «reparto» de la división de la tierra era consistente con este nuevo modo de existencia. Sin embargo, como subraya el lanzamiento de suertes, hubo una dimensión suprarracional en su existencia: un aspecto de la providencia de Dios sobre su destino que no puede ser definido ni explicado.

A los dos métodos mencionados debemos añadir un tercer término utilizado para describir la posesión de la tierra. De este hablaremos mañana.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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