
Algo para Pensar — Parasha Balak (jueves, 10 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set.» (Números 24:17)
Hasta ahora hemos realizado comparaciones entre Bilam con Abraham y con Jacob. Hoy vamos a dedicar unos minutos a ver qué dicen los cabalistas.
Para los cabalistas, Bilam es descrito como un descendiente o incluso una reencarnación de Labán. El Targum Yonatán (Yerushalmi) al principio de la parashá (en Bemidbar 22:5) hace la identificación, y Rashi (Sanhedrín 105a) también hace referencia a esta tradición. El Zohar detalla la conexión:
Labán el arameo era famoso en todo el mundo como un maestro mago y hechicero cuyo hechizo ningún hombre podía escapar. Era, de hecho, el padre de Beor, quien fue el padre de Bilam, mencionado en las Escrituras como “Bilam hijo de Beor, el hechicero” (Yehoshua 13:22).
Pero a pesar de toda la habilidad y prominencia de Labán en la hechicería y la magia, no pudo prevalecer sobre Yaakov, aunque empleó todas sus artes para destruirlo, como dice: “Un arameo intentó destruir a mi padre” (Devarim 26:5).
El rabino Abba dijo: Todo el mundo sabía que Labán era el más grande de los brujos, hechiceros y magos, y que nadie a quien él deseaba destruir podía escapar de él, y que fue de él de quien Bilam aprendió toda su habilidad — Bilam, de quien está escrito: “Porque sé que a quien tú bendices es bendecido, y a quien tú maldices es maldecido” (Bamidbar 22:6). ((Zohar, Bereshit 166b)
¿Qué es lo que hay en Labán que haría que los Sabios lo vincularan con Bilam? El Midrash señala al menos una conexión al observar que Dios habló con ambos por la noche.
El Señor vino a Labán el arameo en un sueño de la noche. ¿Cuál es la diferencia entre los profetas de Israel y los de otras naciones? Rabí Jama bar Janina dijo: El Santo, bendito sea, se revela a los profetas gentiles con medio discurso solamente, como dice: ‘Dios se encontró con [vayikar] Bilam’. (Bemidbar 23:4) (Bereishit Rabbah 74:7).
El hecho de que Dios incluso hablara con cualquiera de estos personajes debe ser señalado, pero el Midrash destaca que el lenguaje de la Torá también es similar. Esta similitud, aunque digna de mención, no es la totalidad del paralelo.
Tanto Labán como Bilam malinterpretan sus palabras. Labán es conocido por mentiras y engaños, y Bilam por su deseo de maldecir al pueblo israelita. Pero la comparación es aún más profunda.
Se nos dice en la Hagadá que Labán quería “desarraigar todo”, una afirmación para la cual nos resulta difícil encontrar evidencia en la Torá. Tal acusación contra Eisav o Amalek sería fácilmente probada por los versículos. Pero, ¿dónde está lo que sostiene la culpa de Labán?
El plan de Labán era simple, su razonamiento directo: quería que Yaakov se quedara con él, porque su propia fortuna había mejorado mucho desde el día en que Yaakov llegó. Labán no quería que Yaakov se fuera y afirmaba que sus hijos también eran suyos.
¿Dónde está la maldad en una declaración tan magnánima? Labán no estaba a favor de la independencia de Yaakov. Quería que Yaakov y sus hijos — sus nietos — se quedaran.
Sin embargo, si Yaakov se hubiera quedado, la nación de Israel nunca habría surgido; habría quedado absorbida por el pueblo de Labán. Al no permitir que la nación en potencia se convirtiera en una nación en acto, dice la Hagadá: «Labán quería desarraigarlo todo.»
Esta perspectiva nos permite ver cómo Bilam es el modelo «nuevo y mejorado» de Labán. Él también quería destruir a la nación de Israel, no mediante la técnica de asimilación de Labán, sino mediante la erradicación. Sólo más tarde, cuando Bilam siente que no podrá destruir a la nación con sus tácticas originales, decide volver al plan de la asimilación.
Hemos visto que Bilam sigue siendo un individuo, sin confederados. Los israelitas son una nación, una nación con orgullo nacional y con una misión, en camino a un encuentro colectivo con el destino. Esto es lo que impacta a Bilam al observar al pueblo israelita, su elevado sentido de comunidad.
Podemos imaginar su retorcida autojustificación: que el hombre no puede existir en comunidad, que una comunidad agota los recursos de la élite. Bilam no necesitaba una nación; tales necesidades eran para los demás, para los débiles.
Él era Bilam — belo am — sin nación. Al observar el campamento de los israelitas, se dio cuenta que lograban coexistir sin conflictos, como dice Rashi: «Vio que las puertas de sus tiendas no tenían frentes entre sí.» (Rashi, Bemidbar 24:5; basado en Bava Batra 60a)
Vio una sincera preocupación por la moral, equilibrada con un fuerte sentido de comunidad. Vio a las personas viviendo juntas en armonía, formando una comunidad sin perder su sentido de individualidad. Finalmente, Bilam llegó a un nuevo plan, como se indica al final de la parashá. Mañana hablaremos de ello.
Pero mientras este momento llega reflexiona en:
¿Cómo puedes fortalecer tu comunidad? ¿Qué pasos puedes tomar para vivir con orgullo, propósito y conexión, como los israelitas en su campamento?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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