
Algo para Pensar — Parasha Balak (domingo, 6 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiaremos Parashá Balak. Esta es la 40.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción de la Torá: Números 22:2-25:9
Balak cuenta la historia del rey moabita, quien contrató a Balaam para maldecir a los israelitas. El burro de Balaam habla por el camino, y Balaam termina bendiciéndolos. La porción termina relatando la historia de unos hombres israelitas que pecaron con mujeres moabitas y el apuñalamiento de un israelita y una madianita.
«Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel» (Números 22:1-3).
La narración de la parashá Balak es extraordinaria, sin paralelo en ninguna otra narración del Tanak. Este episodio trata sobre Balak, rey de Moab, quien convocó al profeta no israelita Bilam para que maldijera a los hijos de Israel y así permitir que Moab los derrote.
Los Sabios explican que Bilam tenía conocimiento profético del momento preciso de cada día en que se despertaba la ira de Dios, y que si hubiera logrado maldecir a la nación de Dios en ese instante, la nación entera habría sido destruida.
Este conocimiento le permitía a Bilam provocar una masacre como el mundo jamás había visto, pero Dios, en su infinita misericordia, no se enojó en absoluto durante este período. Bilam se vio entonces obligado a proclamar una bendición en lugar de una maldición, y así los Benei Israel se salvaron de la calamidad que Balak quería traer sobre el pueblo.
Lo extraordinario de este incidente es que nadie del pueblo, ni siquiera Moisés, se percató de lo que estaba sucediendo. Todo el episodio tuvo lugar sin testigos presentes en las colinas distantes de Moab, lejos de la vista del pueblo.
Después del suceso, Dios informó a Moisés lo sucedido y le ordenó registrar este relato en la Torá, con todo detalle, para que fuera recordado por todas las futuras generaciones de israelitas.
Todas las demás narraciones del Tanaj, incluyendo los eventos en el Jardín del Edén, fueron relatadas por testigos directos. Este es el único incidente registrado en el Tanaj que se conoció solo gracias a que Dios le transmitió la información a Moisés.
Este incidente enseña una profunda lección sobre la naturaleza de la protección de Dios sobre cada individuo. El día que Bilam llegó a Moab para maldecir, el pueblo de Israel se comportó como cualquier otro día: se despertaron, recogieron sus porciones de maná, etc.
Ignoraban por completo que en ese momento corrían el riesgo de ser aniquilados, que el futuro del pueblo israelita pendía de un hilo. Y a medida que se desarrollaban los acontecimientos, ignoraban que Dios intervino en su favor tres veces para salvarlos de la catástrofe. Todo esto les fue revelado más tarde.
Nosotros también vamos de un lugar a otro sin darnos cuenta de la protección que Dios nos otorga a cada momento. A veces leemos en el periódico sobre atentados terroristas planeados que han sido frustrados, pero estos constituyen sólo una fracción de los intentos que han fracasado sin que nadie se entere.
Todo tipo de bacterias y virus llenan el aire a todas horas, y mientras nos enfocamos en nuestras actividades ni tan siquiera dedicamos unos segundos a pensar en cómo Dios nos protege de las enfermedades.
Nosotros, al igual que nuestros ancestros — los hijos de Israel en el desierto –, quienes fueron salvados de la calamidad sin siquiera darse cuenta de que estaban en peligro, recibimos protección divina a diario, a cada hora e incluso minuto a minuto, sin percatarnos de los peligros que nos acechan.
Esto nos ayuda a comprender y explicar la singular importancia que se atribuye a los acontecimientos de esta parashá. El profeta Miqueas (6:5) registra que Dios exhortó a los hijos de Israel a recordar siempre lo que Bilam había intentado hacerles.
Es más, el Talmud (Berajot 12b) enseña que los Sabios consideraron incluir la historia de Bilam en la recitación diaria del Shemá, porque contiene un versículo que habla de los hijos de Israel durmiendo profundamente y en paz como un león (24:9).
Incluso cuando dormimos, cuando no estamos conscientes de los peligros potenciales que enfrentamos, Dios nos ofrece protección. Esta comprensión es de tal importancia que la parashá Balak se consideró digna de ser incluida en nuestras oraciones diarias.
El rey David describe a Dios como «Le’ose niflaot gelodot le’vado» (realizando grandes maravillas por Sí mismo) (Salmos 136:4). A simple vista, el término «La’vado» (por Sí mismo) en este versículo, parece referirse al poder exclusivo de Dios para realizar milagros, un poder incomparable. Sin embargo, en realidad, este principio es tan básico y fundamental que parecería innecesario que David tuviera que hacer tal declaración.
Por lo tanto, el Hatam Sofer**explicó este versículo en el sentido de que Dios realiza milagros «solo,» en privado, por así decirlo, sin que nadie más lo sepa. Los milagros que vemos, y aquellos de los que se nos habla, como lo es el incidente de Bilam, pretenden demostrar la clase de protección que recibimos cada día y a cada momento, y deberían por lo tanto, inspirarnos a vivir en continua gratitud por el amor y especial cuidado de Dios por su amado pueblo, mientras recordamos que «El ángel de El Eterno acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.» (Salmos 34:7)
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
** El Hatam Sofer (1762-1839), cuyo nombre real era Moisés Schreiber (o Moshe Sofer en hebreo), fue uno de los rabinos ortodoxos más influyentes del judaísmo europeo en los siglos XVIII y XIX. Su apodo, Hatam Sofer, significa «Sello del Escriba» en hebreo, es también un acrónimo de Chiddushei Torat Moshe Sofer («Nuevas interpretaciones de la Torá de Moisés Sofer»). Es considerado el padre del judaísmo ortodoxo moderno, particularmente en Europa Central




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