
Algo para Pensar — Parasha Jukat (viernes, 4 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
“Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? (Éxodo 17:3)
El asunto de estos dos episodios — separados entre sí por 38 años — donde se nos dice que Moisés enfrenta las quejas del pueblo por la carencia de agua exige que le dediquemos un poco más de atención.
En la primera historia de la roca que produce agua, Dios instruye a Moisés: “Pasa delante del pueblo…” Rashi sutilmente presenta la siguiente interpretación de nuestra primera lectura de las palabras de Dios:
“Pasa delante del pueblo”:
“…y ve si te apedrean! ¿Por qué has hablado calumnias contra Mis hijos?…
“Y tu vara con la que golpeaste el río”:
¿Cuál es la fuerza de las palabras, “con la que golpeaste el río”? — Aparentemente son innecesarias. Pero se añadieron porque los israelitas habían dicho de la vara que solo estaba destinada al castigo. Con la vara, Faraón y los egipcios fueron golpeados con muchas plagas en Egipto y en el Mar Rojo. Por lo tanto, se dice aquí: Toma la vara, con la que golpeaste el río — verán ahora que también es efectiva para el bien. (Rashi a Éxodo 17:3)
Según Rashi, se está desarrollando un drama de miedo y sospecha entre Moisés y el pueblo. De hecho, Moisés acaba de expresar su temor a ser apedreado. A esto, Dios responde: «¡Pasa delante de ellos!» ¡Los estás calumniando al hablar de ellos como una turba de linchadores!
¿Qué ocurrirá si Moisés pasa desprotegido frente a ellos? Serán testigos del uso benévolo de esa vara, la que antes solo se había usado para «golpear», es decir, para atormentar a los egipcios.
Esta vara, en otras palabras, está cargada de un significado punitivo, destructivo, trayendo muerte y sufrimiento a los egipcios. Tan pronto los israelitas vean que la vara puede ser un instrumento de poder benévolo, y no solo destructivo, su nivel de agresividad disminuirá.
En esta lectura midráshica, Dios reprocha a Moisés por «calumniar a su pueblo». Al principio, se encuentra paralizado por una postura de antagonismo temeroso, frente a un pueblo para el cual la vara solo tiene un conjunto de asociaciones.
Estas asociaciones son evidentemente punitivas, y ahora deben invertirse; la vara actuará benéficamente, dando agua en lugar de convertirla en sangre.
La familiar vara del pasado, ahora con su nuevo significado, se desestabiliza. Aparentemente, una vara no siempre es una vara. Implícitamente, la relación de Moisés con el pueblo se ve afectada por este uso antiguo-nuevo de la vara.
En efecto, Dios le está enseñando a Moisés cómo cambiar las asociaciones traumáticas del pueblo; cómo evocar en ellos un mayor grado de confianza.
Cuando Moisés sube a la cima de la colina para supervisar la batalla contra Amalec, anuncia: «La vara de Dios estará en mi mano.» Sin embargo, como hemos notado, la vara desaparece de la narración.
Como si fuera el director de una orquesta, Moisés parece dirigir el desarrollo de la batalla. Pero ¿dónde está la batuta del director? ¿Dirige con las manos vacías? Sus manos pesan, está sentado sobre una piedra y su hermano y sobrino sostienen sus manos. «Y sus manos fueron emuná hasta la puesta del sol.»
La descripción está repleta de detalles físicos, centrados en las manos, que nos hacen sentir la tensión que implica mantener la posición que traerá la victoria a su pueblo. «Sus manos eran ‘emuná’: sus manos se mantuvieron firmes, para que el pueblo prevaleciera.»
Pero Rashi decide trasladar el drama al plano espiritual: «Moisés alzó sus manos extendidas hacia los cielos en oración ‘fiel’ y constante.» La firmeza de sus manos se convierte en expresión de una postura difícil del alma, la postura llamada ‘emuná’ (fe, confianza, estabilidad), peculiar característica de la oración.
Se presenta una escena en la que Moisés ora con las manos extendidas al cielo. Pero si visualizamos el drama de esta manera, ¿dónde está la vara?
Rambán aborda la cuestión con total seriedad. Moisés sube a la montaña para poder «ver» al pueblo en batalla y «mirarlos con benevolencia.» Ellos también lo «verán» extendiendo las manos al cielo y orando; confiarán en él y se llenarán de coraje. Pero en este caso, en el momento de la oración, con las manos extendidas, no puede sostener nada en ellas.
La naturaleza misma de la oración, de la «emuná», impide el uso de la vara. Rambán sugiere que la vara fue alzada para traer destrucción sobre los amalecitas, de la misma manera que se alzó para azotar a los egipcios.
A pesar de su reciente manifestación benigna en la historia de Meriva, la vara es claramente un instrumento de violencia, y la violencia es endémica en la batalla. Pero el papel esencial de Moisés en esta primera narración es desechar la vara y extender las manos en oración.
La mano abierta, vulnerable y en alto trae la victoria al pueblo.
¿Cuál es la conexión entre las manos de Moisés y el triunfo del pueblo? ¿Poseen sus manos el poder mágico para determinar el destino final de la guerra? Este será el tema para nuestra próxima reflexión.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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