Algo para Pensar — Parasha Koraj(viernes, 27 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabbat Shalom Lekulam!

“Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está El Eterno; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de El Eterno? (Números 16:3)

La médula de la queja de Coré contra Moisés y Aarón descansa sobre el argumento de que todos son santos. Según los Sabios, Coré dice: 

“Toda la comunidad es santa. En el Monte Sinaí, todos escucharon a Dios proclamar: ‘Yo soy el Dios tuyo.’ Entonces, ¿por qué te elevas?” (cf. Midrash Tanjuma, Coré 4).

De hecho, una de las características definitorias de la revelación en el Monte Sinaí — el evento fundamental del judaísmo — es que se estableció que cada uno de nosotros tiene una relación directa, personal, no mediada con Dios.** 

Algunos comentarios bíblicos señalan que las palabras iniciales de los Diez Mandamientos pronunciadas en el Sinaí, “Yo soy Dios, tu Dios”, están dichas en segunda persona del singular, lo que implica que estas palabras están dirigidas a cada israelita como individuo. (cf. Lekach Tov y Najmánides en Éxodo 20:2)

Según el Kuzari, este es uno de los elementos que distingue al judaísmo de otras religiones. Mientras otras religiones fueron fundadas por un individuo o un pequeño número de individuos que experimentaron una revelación que luego relataron a otros,

“Moisés, el primer líder [judío], no fue como ellos. Él llevó a todo el pueblo a estar en el Monte Sinaí, para que pudieran ver con sus propios ojos, cada uno de acuerdo a su capacidad, la revelación que él vio… Como dice el versículo (Éxodo 24:10), ‘Vieron al Dios de Israel’… Todos podían afirmarse mutuamente en lo que vieron y oyeron.” (Kuzari, 4:11).

A pesar de lo ya dicho, también es muy importante tener presente que Moisés fue dirigido por Dios a crear lo que podríamos llamar una «jerarquía de santidad» dentro de la comunidad. Los hijos de Israel fueron divididos en tres grupos: israelitas, levitas y cohanim, cada uno más santo (i.e., más cercano a Dios) que el otro.

Las doce tribus fueron encargadas de seguir sus respectivas vocaciones como agricultores, pastores, comerciantes, artesanos, maestros, soldados, funcionarios del gobierno, etc. Para este propósito, a cada una de las tribus israelitas se le asignó un territorio en la tierra de Israel que era apropiado para su ocupación. 

Por ejemplo, la tribu de Manasés, que eran pastores, recibió tierras adecuadas para el pastoreo; la tribu de Aser, que eran cultivadores de olivos, recibió tierras en Galilea, que abunda en olivares; la tribu de Zabulón, que eran comerciantes marítimos, tenía ciudades portuarias en la costa; la tribu de Dan, que eran soldados, se asentó en la frontera; y así sucesivamente.

Sin embargo, la tribu de Leví, estaba en una categoría diferente a las otras tribus. Ellos fueron “distinguidos por el Dios de Israel del resto de la comunidad, para ser acercados a Él” (cf. Números 16:9) para servir como líderes espirituales y sacerdotes, “instruyendo Tus leyes a Jacob y Tu Torá a Israel; colocando incienso en Tus narices y ofrendas quemadas sobre Tu altar” (cf. Deut. 33:10). 

En lugar de involucrarse con el mundo material, los levitas estaban dedicados a servir a Dios en el Templo Sagrado en Jerusalén. En consecuencia, la tribu de Leví no recibió un territorio propio en la tierra de Israel, sino que fue sostenida por los “diezmos” y por otros “regalos sacerdotales” aportados por los israelitas.

Dentro de la tribu de Leví, había otra división: los descendientes de Aarón (el hermano mayor de Moisés) fueron designados como los “kohanim” (sacerdotes). Los “kohanim” realizaban el servicio en el Templo, mientras que los otros levitas asistían a los “kohanim” realizando una variedad de tareas secundarias como guardias, músicos, etc.

Finalmente, en la cúspide de esta jerarquía de servicio divino estaba el “kohen gadol” (sumo sacerdote), para quien se reservaban los elementos más sagrados del servicio. Por ejemplo, el servicio más santo, realizado en el lugar más sagrado en el día más sagrado del año, ofreciendo el “ketoret” (incienso sagrado) en el Santo de los Santos en Yom Kipur — SOLO podía ser realizado por el “kohen gadol.”

En el momento de la rebelión de Koraj, estas diferencias aún no estaban completamente implementadas. El pueblo de Israel todavía estaba en el desierto; la tierra de Israel aún no había sido conquistada y repartida entre las tribus, y el Santo Templo aún no había sido construido. Pero estas demarcaciones básicas ya estaban establecidas. 

La tribu de Leví había sido designada para servir como representantes del pueblo en el servicio a Dios en el “Mishkan” que servía al pueblo de Israel en el desierto antes de que se construyera el Santo Templo; los hijos de Aarón fueron nombrados para servir como “kohanim”; y Aarón mismo había sido nombrado “kohen gadol.”

En resumen, las razones –al principio ocultas — de Koraj incluyen una mezcla de envidia personal, una interpretación errónea de la santidad colectiva como una incompatible con la jerarquía, y un rechazo a la autoridad divinamente ordenada de Moisés y Aarón. Su rebelión no solo desafió a los líderes, sino al sistema divino que estructuraba al pueblo de Israel para poder cumplir su propósito espiritual y práctico.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

** Este elemento es medular al momento de comparar las enseñanzas judías con las cristianas. Para el Cristianismo ningún ser humano tiene acceso directo a Dios, este acceso es mediado de forma absoluta a través de Jesús. Para el Judaísmo, por designio divino, la relación con nuestro Padre Celestial es directa, sin ningún tipo de mediador; le hablamos, nos escucha y nos responde de uno a Uno.

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