
Algo para Pensar — Parasha Beha’aloteja (martes, 10 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia delante del candelero.” (Números 8:2)
Después de tres días de travesía, finalmente hemos llegado a la tercera idea expresada a través de las palabras «por sí sola.» Una lámpara no puede encenderse sola.
Requiere de un fuego o chispa, una fuente de energía externa para encenderla. Pero el objetivo es que su llama «se eleve por sí sola», o sea, que se transforme en una fuente de luz independiente.
Esta es la tercera lección implícita en la afirmación «la llama se enciende por sí sola.»
Cuando actuamos como «encendedores de lámparas» — ya sea al esforzarnos por encender nuestro propio potencial, la lámpara de nuestros semejantes o al crear luminarias a partir de los materiales de nuestro entorno —, el objetivo debe ser generar una llama que, una vez encendida, ya no dependa de quien la enciende, sino de mantenerse a sí misma.
En cuanto a nuestros esfuerzos de superación personal, esto significa que no basta con hacer la «resolución» y los cambios de comportamiento que deben imponerse constantemente mediante nuestra fuerza de voluntad.
Más bien, debemos esforzarnos por transformar nuestra naturaleza y carácter, para que el nuevo comportamiento se convierta en la forma natural e instintiva de actuar.
Al enseñar e influenciar a nuestros semejantes, el objetivo debe ser establecerlos como luminarias autosuficientes por derecho propio: ayudarlos a desarrollar sus talentos y habilidades para que sus lámparas brillen independientemente, y a su vez, enciendan el potencial de otros.
Finalmente, lo mismo aplica incluso a nuestro impacto en el mundo físico. Cuando utilizamos los materiales y recursos de nuestro mundo para fines buenos y piadosos, los imbuimos de santidad y piedad. Aquí también, un objeto físico debe convertirse no solo en un recipiente pasivo de luz, sino en una «lámpara» que sea una fuente independiente de iluminación.
Por ejemplo, en lugr de simplemente hablarles a nuestros hijos sobre caridad o involucrarlos en nuestras propias actividades benéficas, podemos ayudarlos a crear una «pushkah» (una caja de caridad) e instalarla en su habitación.
Cada vez que el niño coloca una moneda en la caja, la «pushkah» lo ayuda y lo instruye en un acto de caridad. De este modo, un trozo de madera o plástico se convierte en una «luminaria.»
Además, aún cuando no se utilice para realizar una obra de caridad, la caja de caridad sigue actuando como una «lámpara» que ilumina su entorno. Como elemento permanente en la habitación del niño, le recuerda constantemente su responsabilidad hacia los demás. Un objeto físico se ha convertido en una llama que se enciende sola: una fuente independiente de guía e iluminación.
¡Mira a tu alrededor! ¡Observa cuidadosamente y medita sobre cómo puedes encender una «lámpara» en tu vida o en la de otros! Crea una acción concreta, tal como establecer una «pushkah» en tu hogar, enseñar una habilidad a alguien o transformar un hábito personal en algo natural.
¡Actúemos hoy, ahora, para generar una luz que brille por sí misma y transforme nuestro entorno!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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