Algo para Pensar — Parasha Beha’aloteja  (domingo, 8 junio  2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


Parashá Beha’alotejá es la 36.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Números 8:1-12:16Beha’alotejá (“Cuando te levantes”) comienza con Dios instruyendo a Moisés a inaugurar a los levitas para el servicio en el Mishkán (Tabernáculo). También relata las historias de personas que piden una segunda oportunidad para ofrecer el sacrificio de Pésaj, las quejas de los israelitas y sus castigos, y una enfermedad que afecta a Miriam.


“Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia delante del candelero.” (Números 8:2)


Una de las fascinaciones en la vida de Albert Einstein fue la naturaleza y comportamiento de la luz. Tan grande fue el poder de atracción, que su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico, publicado en 1905, demostró que la luz se comporta como partículas (fotones) en ciertas interacciones, lo que le valió el Premio Nobel de Física en 1921. La luz, tanto en su naturaleza ondulatoria como corpuscular, fue un pilar clave en sus investigaciones y en la redefinición de nuestra comprensión del universo.


Pero la luz no sólo fascinó a Einstein sino también a nuestros antiguos sabios, y es que en el interior del Mishkan estaba la menorá, un candelabro de siete brazos construido en oro.  


La menorá representa nuestro papel como «encendedores de lámparas»: hablamos de nuestra capacidad — misión — para crear fuentes de iluminación dentro de nosotros mismos, en nuestros compañeros y en los recursos materiales que están a nuestra disposición.


En la Torá encontramos varios capítulos en los que se describe la construcción de la menorá y las diversas leyes que rigen su encendido. Cada uno de estos detalles tienen una lección de carácter espiritual. En los próximos minutos examinaremos algunos principios y leyes relacionados con la menorá. También exploraremos su significado para nuestras vidas. 


El octavo capítulo de Números comienza con la instrucción de Dios a Aarón: «Cuando alces las lámparas…». En su comentario sobre este versículo, Rashi se detiene a analizar el uso que la Torá da a la palabra «Beha’alotecha», su nombre, que significa «cuando alces.»


¿Por qué la Torá emplea este modismo poco conocido para referirse al acto de «encender»?


Rashi explica que la Torá alude a la naturaleza de la llama para gravitar hacia arriba y elevarse, instruyendo también al «kohen» (sacerdote) que enciende las lámparas de la menorá a mantener el fuego junto a la mecha hasta que, como lo expresa Rashi, «shalhevet olah me’eileha» (la llama se eleve por sí sola). Estas palabras —»la llama se eleve por sí sola»— contienen algunas de las lecciones esenciales derivadas de la menorá.


Echemos un vistazo a la primera de tres lecciones.

Las luces de la menorá suelen ser llamadas “neirot.” Aquí, Rashi utiliza la palabra “shalhevet,” “llama.” Mientras que el término “neirot” (singular, ner) puede aplicarse tanto a lámparas encendidas como apagadas, shalhevet alude auna llama viva que produce luz.

De hecho, las lámparas de la menorá se encendían por la tarde y ardían durante la noche, durante la mayor parte de las horas del día permanecían apagadas. Cada mañana, las lámparas se limpiaban, se rellenaban con aceite y se les instalaban mechas nuevas. 

En este estado permanecían la mayor parte del día, esperando al kohen portador de la llama que venía a encenderlas a media tarde (con la excepción del ner ha maaravi, la lámpara occidental, que ardía las 24 horas).

Durante esas horas del dia, la lámpara estaba en su estado completo y perfecto: su oro brillante, su mecha fresca y llena a capacidad con el aceite de oliva más puro. Como «lámpara» era perfecta; nada le faltaba. Incluso, alguien podría argumentar que encenderla solo mancharía su brillo, carbonizaría su mecha y consumiría su aceite. 

Pero en su estado apagado, la lámpara no cumplía con su función, su potencial lumínico era cero. En sí misma podría haberse considerado como perfecta, pero no era de beneficio para el mundo. 

Una persona también puede ser un «ner» sin ser una «shalhevet», una lámpara sin llama. Podemos alcanzar una perfección personal — un recipiente ornamental, afinar talentos y abundante potencial. Pero el propósito de la vida es ser una lámpara ardiente — que nuestros talentos, tanto en potencia como en acto, iluminen nuestro entorno.

Esta es la primera lección de la menorá: que el objetivo de la perfección personal por sí solo nunca será suficiente para satisfacer el anhelo de nuestra alma. Intrínseco a nuestra naturaleza está la búsqueda de ser una “llama” — una fuente de iluminación para y en nuestro entorno. Mañana le echaremos una ojeada a la segunda lección.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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