
Algo para Pensar — Parasha Nasó (jueves, 5 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y El Eterno lo bendijo.” (Jueces 13:24)
Nuestra haftará**de esta semana habla del nacimiento de una de las personalidades más coloridas de la historia bíblica, Sansón. Él es la única figura bíblica conocida en la literatura judía como un “gibor”, (גיבור) Fue una persona cuya fortaleza fue proverbial.
Esto no sería notable si Sansón fuera solo un raro espécimen de fuerza bruta que pudiera matar a un león utilizando solo sus manos, infundir miedo en los corazones de sus enemigos, golpearlos con la quijada de un asno y hacer que un gran edificio colapsara al derribar las columnas. Pero Sansón también es conocido por nosotros como uno de los “shoftim”, “los jueces” (שופטים).
Él experimentó «hashra’at haShekhina», inspiración divina y profecía. Y fue, desde antes de su nacimiento, consagrado como nazareo, un voto que le requerirá abstenerse de vino y del corte de su cabello.
¿Acaso esto no le indica algo inusual sobre él? ¿Será posible que el caso de Samsón nos esté ofreciendo una nueva perspectiva sobre el concepto de «gibor» y «gevura», una nueva definición judía de poder?
Nuestra pregunta es: ¿Cuál es esa definición? En el contexto de la tradición judía, ¿qué es «gevura»: fuerza o heroísmo? Obviamente, no hablamos sólo de fuerza física. Entonces, ¿de qué estamos hablando?
Para responder la pregunta, recurramos a la Cábala, esta mina mística infinitamente rica en ideas e ideales judíos. La Cábala entiende o interpreta la creación, no como un evento en un solo acto, sino como un proceso en dos pasos.
El primer paso fue la hitpashtut, un desbordamiento o emanación de Dios, un torrente de creatividad divina liberado en el momento en que Él decidió crear el mundo. Sin embargo, esto por sí solo no bastó. Porque cuando un Dios infinito crea, la creación también tiende a ser infinita: hay demasiado, se desarrolla sin límite, en consecuencia, no puede existir un mundo real.
Por lo tanto, debe haber un segundo paso para contrarrestar esta emanación divina en constante expansión: el tzimtzum, la restricción divina, la autolimitación de Dios. Él limita, por así decirlo, su propio impulso de seguir produciendo mundo tras mundo.
Los cabalistas se referían al primer paso, como la efusión divina, Su desbordamiento y emanación, como el atributo de «hesed», la bondad amorosa. Y como el amor verdadero no conoce límites, siempre busca crecer y crecer, e intensificarse. Sin embargo, aunque en este caso lo llamamos «hesed», la misma idea de expansión puede referirse a cualquier tipo de impulso, voluntad o pasión.
El segundo elemento, el de la autolimitación, es denominado por los cabalistas como la cualidad de «gevura,» fuerza. «Gevura,» por lo tanto, significa la capacidad para autolimitarse, pues ciertamente se requiere fortaleza moral para saber CUÁNDO detenerse.
Esta es, pues, esencialmente la definición de poder o heroísmo: autocontrol, auto contracción. Y como en el caso de Dios, similar es en el caso del hombre: gevura no significa fuerza bruta, no aferrarse a más y más, sino, por el contrario, autolimitación, autocontrol.
La verdadera fuerza no reside en la pasión por el poder, sino en saber cuándo usarlo y cuándo no; no en la búsqueda de grandeza, sino en reconocer cuándo lo grande se vuelve demasiado grande; no en el crecimiento, sino en la contracción; no en dominar a los demás, sino en dominarse a uno mismo. Gevura consiste en saber cuándo poner fin a los extrovertidos y expansivos impulsos del hombre.
Esto, por supuesto, es cierto en todos los aspectos de la vida. Crecer es bueno, pero no demasiado ni demasiado rápido. Las células del cuerpo que proliferan sin control son la causa del cáncer. Una economía que crece demasiado rápido y sin control interno, a largo plazo, puede colapsar. Un niño que crece sin límites está enfermo. Un maestro que intenta impartir todos sus conocimientos a sus alumnos sin adaptar la información al nivel del niño será un fracaso.
Hemos visto la gran importancia que tiene la implementación de lo que podríamos llamar «los pesos y contrapesos.» Algunas personas viven y mueren promulgando la importancia que tiene el amor, pero…no importa cuánta importancia le atribuyamos al mismo, si este es uno descontrolado, al final no va a producir algo bueno.
La presencia del coraje moral llamado «gevura» es medular cuando hablamos de lo más sublime: el amor. A veces, una sobredosis [de amor] puede destruir el objeto de nuestro afecto, recordándonos la amarga observación de Oscar Wilde: «Todo hombre mata lo que ama.»
El amor en ausencia de gevura, al final, producirá daño, dolor y sufrimiento.
Si todavía lo duda, pregúntele a Samsón. Continuamos mañana.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
** Haftará: es la lectura pública de una porción seleccionada de los libros de los Profetas (Nevi’im) en el Tanak, que se realiza en las sinagogas después de la lectura de la Torá durante los servicios de Shabat, festividades y ciertos días de ayuno. Su nombre proviene del hebreo “haftará”, que significa “conclusión”, ya que marca el cierre de la lectura bíblica en el servicio.




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