Algo para Pensar — Parashá Nasó (martes, 3 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


«Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a El Eterno, será santo; dejará crecer su cabello.” (Números 6:5)

¿Qué misterio rodea el cabello de la persona que ha hecho el voto del nazareo?Para comenzar a entender lo especial del cabello debemos prestar atención al comentario de Rashi donde expone que las leyes del Nazareo aparecen inmediatamente después de las leyes de la «sospechosa de adulterio» (sota


Según Rashi, existe una afinidad psicológica entre estos dos estados: después que alguien ve a la sospechosa de adulterio en su vergüenza, se alejará del vino, el cual a menudo es la causa de la transgresión.


Pero además del mal que puede emanar del vino, la transgresión también puede provenir de un descuido relacionado con el cabello. La Biblia continúa describiendo el castigo de la sota:

«Y el sacerdote presentará a la mujer [infiel] ante Dios y le descubrirá el cabello».


Rashi comenta aquí que el propósito al descubrirle el cabello era avergonzarla, señalando que una mujer casada con el cabello al descubierto es deshonrada. Después de todo, la Mishná dictamina que una mujer casada no puede aparecer en público con el cabello descubierto, siendo el cabello cubierto un símbolo ancestral del estado marital (cf. Ketubot 72b). 


De hecho, la discusión talmúdica sobre la Mishná deduce que la Biblia manda a una mujer casada cubrirse el cabello, he ahí por qué el cabello de la esposa infiel debía estar descubierto. Hasta el día de hoy, se espera que las mujeres judías observantes casadas usen un velo al menos en público. 


Aparentemente, se cree que un aspecto importante, e incluso erótico, de la feminidad de una mujer reside en su cabello, y una vez casada, ese cabello debe reservarse para su esposo.


Es interesante notar que, a medida se desarrollaba la halajá, también se esperaba que los hombres casados se cubrieran el cabello; un sabio incluso se negó a ver a un erudito talmúdico en ciernes porque no se cubría el cabello, señal inequívoca de que aún era soltero, y por lo tanto, susceptible a incitaciones inmorales (cf. Kidushin 39). 


La historia bíblica de Sansón, quizás el más difícil y problemático de los nazareos bíblicos, considera su cabello como fuente y símbolo de una virilidad potenciada, tanto física como sexual. Y es lógico suponer que, en tiempos bíblicos, una mujer que buscaba cometer adulterio se quitaba el velo conyugal, dejándolo suelto y libre, al mantener una conducta inapropiada con hombres que no eran su esposo.


Si todavía existe alguna duda sobre el simbolismo sexual del cabello, hay dos citas que prueban este punto de manera concluyente, Mañana le echaremos un vistazo.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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