Algo para Pensar — Parashá Nasó (lunes, 2 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


«Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a El Eterno, será santo; dejará crecer su cabello.” (Números 6:5)


Ya hemos investigado las leyes y restricciones religiosas especiales que conciernen a los kohanim de la tribu de Leví y descendientes directos de Aarón en nuestras pasadas reflexiones sobre el libro de Levítico. 


Sin embargo, la Torá es sensible a la necesidad de algunos israelitas comunes y corrientes al querer asumir una dimensión extra de santidad. Lo que se desea es atender la posibilidad donde individuos de tribus distintas a la tribu de Leví que les interesa seguir un estilo de vida más consagrado, espiritual e incluso ascético.


Para permitir que su impulso se realice en términos formales (halájicos), nuestra lectura de la Torá introduce la opción del nazareo. Tres elementos componen el voto nazareo — este puede ser asumido por cualquier israelita por un mínimo de treinta días — la prohibición de beber vino, la prohibición de entrar en contacto con los muertos y la prohibición de cortarse el cabello.


Es interesante notar que dos de estas prohibiciones, entiéndase la de beber vino y la de entrar en contacto con los muertos, corresponden a las mismas exigencias que la Torá impone al sacerdocio. Un sacerdote no puede participar en el servicio del Templo si ha ingerido vino, y se le restringe cualquier contacto con los muertos, excepto con su familia inmediata.

(Nota: El nazareo no tiene permiso de excepción, aparentemente porque generalmente es nazareo solo por treinta días, mientras que el sacerdocio dura toda la vida. De manera similar, el nazareo no puede beber vino en absoluto — ni siquiera del vino en el kiddush del sábado y de las festividades, mientras que el kohen sólo está excluido del vino antes — o durante — su ministerio en el Santuario y antes de emitir un fallo religioso-legal.)


Hasta aquí llegan las similitudes. ¿Por qué? Porque al nazareo no se le permite cortar ni uno de sus cabellos. Después que el período del voto ha concluido, toda su cabeza debe ser rapada, luego todo el cabello es quemado. 


En palabras de la Biblia, el nazareo debe “raparse la cabeza frente a la Tienda de reunión, y luego tomará el cabello… y lo pondrá en el fuego que está bajo el sacrificio de la ofrenda de paz” (Números 6:18). 


Lo que llama nuestra atención sobre este mandato es que la quema del cabello parece compartir el altar con los otros sacrificios que el nazareo está obligado a traer: ofrenda quemada, ofrenda por el pecado, ofrenda de paz y ofrenda de cereal. 


¿Por qué se destaca o enfatiza de esta manera la importancia y centralidad del cabello del nazareo?


Una vez termina el período del voto, se levantan todas las prohibiciones contra el consumo de vino y la asistencia a funerales; no hay ceremonias para el levantamiento de estas restricciones. La única excepción es la quema de su cabello bajo la ofrenda de paz.


Además, las otras restricciones, que también afectan al kohen, son comprensibles. Una persona consagrada debe evitar el vino, ya que puede afectar nuestras emociones y deseos, impidiendo tomar decisiones racionales.

Quien busca la santidad debe evitar el contacto con un cadáver. La interacción con la muerte a menudo puede conducir a la depresión y la melancolía, lo que impide la acción interpersonal e incluso puede provocar el alejamiento de Dios. 


Pero ¿cuál es el simbolismo del cabello? ¿Y por qué dejarlo crecer primero solo para quemarlo? De esto hablaremos mañana…


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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