Algo para Pensar — Parasha Bamidbar Primera parte (Shabbat, 31 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


«Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio; y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas.»(Números 4:5-6)


Podemos comprender mejor el significado de estas tres cubiertas que envolvían el Arca durante sus viajes examinando el siguiente relato del Talmud: 


Cuando Moisés ascendió al cielo, los ángeles le preguntaron a Dios: «¿Qué hace un ser humano entre nosotros?» Él les respondió: «Ha venido a recibir la Torá.» Ellos le respondieron: «Este tesoro escondido, que estuvo oculto contigo durante novecientas setenta y cuatro generaciones antes de la creación del mundo, ¿quieres dárselo a la carne y la sangre?… ¡Gloria a los cielos!»
Dios le dijo a Moisés: «Respondeles». Dijo [Moisés]: «¡Señor del Universo! Esta Torá que me das, ¿qué está escrito en ella? ‘Yo soy el Dios tuyo… No tendrás dioses ajenos’. ¿Moras entre naciones idólatras?, preguntó Moisés a los ángeles… ¿Qué más dice? ‘Recuerda el día de Shabat’. ¿Trabajas?… No jures en falso. ¿Comercias?… ‘Honra a tu padre y a tu madre’. ¿Tienes padres? ‘No mates’, ‘No cometas adulterio’, ‘No robes’. ¿Hay celos entre ustedes? ¿Tienen mala inclinación? (Talmud, Shabat 89a)


El propósito último de la Torá – como Moisés demostró en su debate celestial con los ángeles – puede realizarse sólo cuando desciende a la mundanidad y corporeidad del mundo físico, para ser implementada por seres humanos con inclinaciones negativas en su carácter e influencias negativas en sus entornos.


Específicamente, Moisés habla de tres encarnaciones que nuestra alma experimenta para cumplir con las «mitzvot» (mandamientos divinos) de la Torá: 


(a) su colocación dentro de un cuerpo físico 

(b) su carga con rasgos negativos e inclinaciones malvadas 

(c) su arraigo en un mundo corrupto y pagano.


El cuerpo somete al alma a las ataduras de la vida física — familia, trabajo, dinero, etc.— para que pueda observar mitzvot talescomo honrar a los padres, descansar en Shabat y ser honesto con sus semejantes. 


Un descenso adicional para el alma es su encierro en un «yo animal», repleto de impulsos y deseos negativos. Al resistir nuestras propias inclinaciones malvadas, cumplimos mitzvot como «No robar» o «No cometer adulterio», brindándonos más oportunidades para implementar la voluntad divina. 


Finalmente, nuestra alma, cuerpo y el engañoso carácter están sujetos a un mundo pagano, un mundo tan alejado de su Creador que algunos incluso niegan su propia existencia.


Cuando desde lo más profundo de este triple exilio el alma aplica la Torá a su existencia diaria, manifestando la verdad divina en los niveles más bajos de la creación de Dios, cumple la función última de la Torá: 

Transformar el mundo en un “hogar para Dios,” en un ambiente hospitalario y expresivo de Su realidad omnipresente.

Las tres capas de corporeidad que cubren el alma tienen su paralelo en las tres cubiertas del Arca del Testimonio que se encontraba en el espacio más íntimo del Santuario, descritas en los versículos citados al comienzo de esta reflexión. De esto hablaremos en el segundo escrito para hoy.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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