
Algo para Pensar — Parasha Emor (lunes, 12 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
«El Eterno dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos…. Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni razgará sus vestidos, no entrará dónde haya alguna persona muerta; ni por su padre ni por su madre se contaminará” (Levítico 21:1,10-11).
Nuestros sabios nos dicen que la Ley de la Torá (Halajá) es más que simplemente una serie de reglas divinamente ordenadas para la vida en este mundo; ésta también describe la manera en que Dios elige relacionarse con Su creación.
Cuando ordenamos nuestras vidas según las directrices de la Torá, no solo estamos cumpliendo los mandamientos de Dios, sino que también estamos emulando el “comportamiento” de Dios, incorporando la relación divina con la creación en nuestras propias vidas diarias.
En palabras del Midrash: “La manera de Dios no es como la manera de la carne y sangre. La manera de la carne y sangre es que instruyen a otros a hacer, pero ellos mismos no lo hacen; Dios, sin embargo, lo que Él mismo hace, eso es lo que le dice a Israel que haga y observe.
Por lo tanto, resulta que Dios, quien se atribuye a sí mismo el estatus halájico de “kohen,” está impedido por la ley de la Torá “contaminarse” a través del contacto con las impurezas que generan la mortalidad.
Esto relata el Talmud: “Un hereje le preguntó al Rabino Abahu: Tu Dios es un kohen; ¿en qué se sumergió después de enterrar a Moisés? Respondió el Rabino Abahu: “Se sumergió en fuego” (Talmud, Sanhedrin 39a).
Pero si Dios tiene el estatus legal y las obligaciones de un “kohen”, ¿cómo se le “permitió” — a Dios — en primer lugar, volverse ritualmente contaminado? La respuesta dada es que, dado que el pueblo de Israel son “los hijos de Dios,” Moisés es uno de los “parientes” por quienes se le permite a un “kohen” volverse ritualmente contaminado “tame.”
En la misma línea, el Zóhar cita al profeta Isaías, quien describe el descenso de Dios a las impurezas del «galut» para redimir a su pueblo: «¿Quién es este que viene de Edom? ¿De ropas enrojecidas, de Bosra? Yo [responde Dios], que hablo con justicia, poderoso para salvar… todas mis vestiduras, las he manchado» (Zohar 3:89a).
¿Qué hay de la ley que prohíbe a un kohen contaminarse? El Zóhar explica: Israel es la «hermana virgen de Dios, que no ha estado con hombre», que ha resistido a todos los amos e influencias extranjeras a las que ha estado sujeta durante su exilio. Por ella, Dios se «contamina,» entrando en la morgue del galut para resucitarla del polvo. (Cf. Zóhar 3:17b)
Pero una cosa todavía está sin resolver. Dios no es un «kohen» común; El es un «Kohen Gadol.» Así que, esta historia continuará…
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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