Algo para Pensar — Parasha Tazria-Metzora (miércoles, 30 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!»Más sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: lávate, y serás limpio? Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio” (2 Reyes 5:13-14).

Las dos porciones de la Torá de Tazría-Metzora tratan sobre una enfermedad similar a lo que conocemos o designamos lepra, pero es evidente a partir del texto (y especialmente de la interpretación de nuestros sabios) que la fuente de la enfermedad está vinculada con una imperfección espiritual más que una de carácter físico. 

Tengo la impresión que las dos porciones de la haftará** — la porción del pasaje profético no leído — provee una fascinante visión de lo que podría ser esa imperfección espiritual. Además, ambas lecturas proféticas enseñan a las generaciones posteriores lo que el liderazgo israelí requiere para que nuestra nación tenga éxito.

La haftará de Tazría es tomada del segundo libro de Reyes. Esta trata sobre la manera milagrosa en que Eliseo, profeta del Señor, logró curar la lepra de Naamán, poderoso general de los ejércitos de Aram. El incidente que rodea la cura de Naamán es el tema del quinto capítulo del aludido libro.

Pero curiosamente, la haftará comienza integrando los tres versículos finales del capítulo anterior, en los que se relata cómo Eliseo pudo aliviar el hambre de cien personas con una cantidad de comida relativamente pequeña (cf. 4:42-44). 

Esta extraña introducción — la de los tres versos finales del cuarto capítulo — parece no tener nada que ver con la historia posterior relacionada con Naamán o la enfermedad que vincula el incidente en el libro de Reyes con esta lectura de la Torá. Si es así, ¿por qué estos tres versos forman parte de la haftará?

A medida se desarrolla la historia, aprendemos que Na’aman era “general de los ejércitos del rey de Aram, un gran hombre ante su maestro … un valiente soldado y — un leproso” (5:1). 

Una joven israelita cautiva sugiere a la esposa de Na’aman que su esposo busque una cura con Eliseo, el profeta del Dios de Israel. Después de una solicitud inicial, “Eliseo le envía un mensajero, que dice:

Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio” (2 Reyes 5:10).

Tras las palabras del profeta, Naamán, sumamente agradecido, exclama: «Mira, ahora sé que no hay Dios en el mundo excepto en Israel; y ahora [Naamán le pide a Eliseo], por favor, acepta un regalo de tu siervo» (5:15). Eliseo, el hombre de Dios, se niega, bajo juramento a Dios, a aceptar nada. 

Naamán, tan conmovido por lo sucedido, pide que se le permita llevar tierra en dos mulas para utilizarla en la construcción de un altar y ofrecer sacrificios al único Dios verdadero de Israel y del mundo (cf. 5:17). Así concluye la lectura de la haftará de Tazria.

Mañana le echaremos un vistazo a la haftará perteneciente a la porción de Metzorá. Mientras…

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSRP)

Notas

** Son dos porciones de la haftará porque se están estudiando dos porciones de la Torá. En este caso,Tazría y Metzorá.

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