Algo para Pensar — Parasha Tazria-Metzora (lunes, 28 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos,

¡Shavua Tov Lekulam!

«Y al octavo día se circuncidará al niño. Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación» (Levítico 12:3-4).

El libro se titula «Family Redeemed» (2000) y su autor es el Rabino Joseph B. Soloveitchik. En este libro, Soloveitchik interpreta los primeros capítulos del Génesis como una lección relacionada al acto sexual, a su potencial espiritual y a su peligrosa capacidad destructiva.

De hecho, el comentarista clásico Rashi entiende que el fruto del conocimiento del bien y del mal ha inyectado en la naturaleza humana el líbido, el erotismo y la lujuria, desplazando la expresión del amor y los poderes reproductivos que inicialmente estaban incrustados en la naturaleza humana.  

Por otro lado, Sigmund Freud ve en la serpiente un símbolo fálico y en el acto de «comer» una metáfora para aludir a la práctica sexual. Desde esta perspectiva, el pecado de haber «comido» del fruto prohibido es el pecado de la lujuria sexual; el que en repetidas ocasiones tiene el poder para desvincular el sexo de la esfera de la sagrada institución del matrimonio, siendo éste expresión natural de afecto entre un hombre y una mujer comprometidos con una vida compartida y con el establecimiento de una familia.

¿Acaso has pasado por alto lo fascinante que resulta detectar que los castigos por haber comido el fruto están relacionados con la reproducción?

«A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos…» (Génesis 3:16)

Aún más, la pena fundamental por haber probado el fruto prohibido es la muerte, la cual afecta tanto a hombres como a mujeres: «Pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comas, ciertamente moriréis” (Génesis 2:17). 

El acto sexual estaba destinado a dar, no sólo unidad y alegría a la pareja, sino también otorgar continuidad de vida a través del don de la reproducción. 

Trágicamente, el mal uso del sexo y su desvinculación del amor, el matrimonio y la familia pueden conducir a enfermedades que provocan la muerte; a manera de ejemplo, podríamos considerar el SIDA. Enfermedad, cuya prevalencia es mayor entre los homosexuales.

Yo diría que esta es precisamente la razón por la cual «tzara’at», o la muerte en vida que simboliza, aparece en la Biblia en medio de la discusión sobre la reproducción y los procesos normativos relacionados con las emisiones seminales y la sangre menstrual que son un derivado de un intento de reproducción no logrado.

Trágicamente, la fuerza vital que Dios otorga a través de los órganos sexuales a menudo puede degenerar en decadencia y muerte cuando esos mismos órganos sexuales son utilizados incorrectamente.

Lo que puede llevarnos al «cielo», también tiene el potencial o capacidad de llevarnos al «infierno». 

Usted decide qué botón presiona cuando sube al ascensor: Sótano o Penthouse. 

Esto es, Algo para Pensar (drigs,) CEJSPR 

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