Algo para Pensar— Parasha Shemini (viernes, 25 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de El Eterno fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de El Eterno y los quemó, y murieron delante de El Eterno.” (Levítico 10:1-2)


La ambivalencia textual respecto al caso de Nadab y Abiú refleja la complejidad — e incluso la tensión — inherente a la naturaleza misma de lo que representa una experiencia religiosa para un mortal.


El amor a Dios engendra el deseo de sentir constantemente la presencia de lo divino, de esforzarse por acercarse cada vez más a un Creador omnisciente y compasivo. 


Pero como toda moneda siempre tiene dos lados, el reverso de ésta, es un temor a Dios que engendra una asombrosa insuficiencia, un sentido de fragilidad y transitoriedad humana, ante el “mysterium tremendum” del omnipotente y eterno Gobernante del universo. 


El amor a Dios inspira al individuo a superar todas las barreras, a quitar todos los velos; es el intento humano de alcanzar la comunión divina, pero hay una fuerza opositora manifiesta en el temor a Dios que por su lado fortifica las verjas que nos separan del Todopoderoso.


Este [el temor] cumple la función de inspirarnos a servir humildemente al autor de la vida y de la muerte; a servirle desde la distancia — sin quemarnos con el fuego divino. Se trata de buscar llegar hasta ese «borde» donde nos acercamos temerosos ante un Ser de incomparable e incomprensible poder. 


Algo que Nadab y Abiú dominados por un descontrolado entusiasmo extático pasaron por alto…y  murieron.

¡Imagínate si algo así sucediera hoy día! 


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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