Algo para Pensar — Parasha Tzav (lunes, 7 abril de 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a El Eterno, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda” (Levítico 1:2). 

Un principio básico de la fe judía es que el ser humano tiene el deber de servir a Dios. Pero, ¿qué es lo que significa este “servicio” a El Eterno? ¿Puede Dios, paradigma de lo infinito y lo perfecto, necesitar o desear algo de nosotros?

Quizá lo más difícil de entender son los conocidos “korbanot,” en español,las ofrendas de animales y de alimentos, cuyas detalladas leyes ocupan gran parte del libro de Levítico. 

Aquí podemos apreciar el deseo que Dios tiene de que contemplemos Su grandeza, refinemos nuestro carácter y actuemos decentemente unos con otros, pero ¿qué utilidad tiene para el infinito y perfecto Autor de toda existencia los productos de nuestro establo así como las cosechas de nuestros campos?

Más que cualquiera de los otros mandamientos de Dios, el “korban” — la palabra significa “acercar” — representa el esfuerzo humano por relacionarse y conectarse con lo divino. De hecho, el término en hebreo “avodah”, traducido al español como “servicio,” se vincula específicamente con los “korbanot” ofrecidos en el Templo Sagrado; también se utiliza para referirse a la totalidad de la relación del hombre con Dios.

Aún más sorprendente es la manera en que Dios se refiere a estas ofrendas en Números 28:2: “Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mi, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo.” 

¿De qué manera un “korban” es el pan de Dios? 

El Talmud expresa esta pregunta cuando declara: ¿Crees que Él necesita comer? El versículo (Salmos 50:12-13) dice: “Si tuviera hambre, no te lo diría, porque el mundo y todo lo que contiene es Mío… ¿Comeré la carne de toros, o beberé la sangre de cabras?”

Pero no es por Mi deseo que ofreces, [dice Dios] sino por el tuyo; como está escrito (Levítico 19:5), ‘Por tu propio deseo, lo ofrecerás.’ (Menajot 110a)

Lo que el Talmud implica es que Dios no necesita nuestro servicio. Sólo es para permitirnos relacionarnos con Él que Dios quiso tener la «voluntad» y definió esta voluntad en términos que seamos capaces de entender y llevar a cabo.

Dicho de otra manera: En última instancia, el servicio de los “korbanot” no es una forma más racional — ni menos — de relacionarnos con Dios frente al esfuerzo espiritual más trascendental que podamos imaginar. 

Si Dios no nos hubiera otorgado la capacidad de conectarnos con Él, nuestras aspiraciones espirituales y nuestras acciones físicas serían igualmente insignificantes o carentes de valor. 

Sin embargo, Dios SÍ eligió considerar ciertas acciones humanas como Su “voluntad,” ordenándonos unas mitzvot espirituales, tales como la ofrenda de korbanot.  

El asunto es que: cuando deseamos acercarnos a Dios, es Él quién dice CÓMO debemos hacerlo, no nosotros. 

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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