
Algo para Pensar — Parasha Vayak’hel (martes, 18 marzo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que El Eterno ha mandado que sean hechas: Seis días se trabajará, mas el día séptimo os será santo, día de reposo para El Eterno; cualquiera que en él hiciste trabajo alguno, morirá” (Éxodo 35:1-2).
La porción de “Vayak’hel” comienza con el mandato de guardar el Shabat. Esto, una vez más, plantea la cuestión fundamental del orden tan llamativo y extraño de las últimas cinco porciones del libro del Éxodo: Santuario — Shabbat — becerro de oro — Shabbat — Santuario.
De esta manera, la Torá nos ordena en primer lugar, construir un Santuario, con el objetivo de establecer un centro de lo sagrado, que es, después de todo, el propósito de un reino de sacerdotes y de una nación santa.
Pero sabemos que lo sagrado puede ser profanado fácilmente – como lo atestigua la historia en la vida moderna – con guerras santas, el jomeinismo iraní, el fanatismo del arrojar piedras, la quema de libros y actos terroristas.
Por eso, en medio de la construcción del Santuario, las primeras dos porciones, “Teruma” y “Tetzaveh,” están dedicadas al tema del Santuario, la tercera a la parodia del becerro de oro en la porción de “Ki Tisa,” la cual funciona como una elocuente advertencia a las generaciones posteriores para que no perviertan ni idolatren lo sagrado.
Entonces resulta perfectamente lógico, o más bien psicológico, regresar y concluir con el mensaje positivo del Santuario como lo hace la Torá en sus dos porciones finales de “Vayakhel” y “Pekudei”. Siendo el Shabbat el faro de luz que nos enseña la esencia del judaísmo, impidiendo que la perversión del pueblo termine construyendo un idolátrico becerro de oro.
El sábado es el pilar más importante de nuestra fe.
No es casualidad que la primera ley que se dio a los israelitas después de la división del Mar de los Juncos — antes de la revelación en el Sinaí — fuera el sábado (cf. Éxodo 15:25), y la primera ley que se le explica a un potencial converso (judío por elección) es también el sábado (cf. Yevamot 47). No hay introducción más poderosa para alguien que desee integrarse al judaísmo que la experiencia del Shabat.
¿Y cómo la observancia del Shabat nos ayuda?
Sin duda, el delicioso resplandor de las velas del Shabat, el calor del vino del kidush, la convivencia familiar y lo agradable de las deliciosas comidas del Shabat repletas de ángeles de paz, alabanzas a las mujeres, bendiciones a los niños, canciones de santidad y palabras de la Torá, todo se combina para contribuir a la creación de un día especial y único dedicado a la relajación física, la creatividad espiritual y el bienestar existencial de cada observante.
Pero el Sabbath es mucho más que esto. Mañana esta reflexión continuará.
Esto es. Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




Deja un comentario