Algo para Pensar — Parasha Tetzaveh (Shabbat, 8 marzo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás.” (Éxodo 30:1)

Durante las tres fiestas anuales de Pésaj, Shavuot y Sucot, cuando toda la comunidad de Israel acudía al Templo en Jerusalén, los vasos del Templo quedaban expuestos al contacto con cualquier persona, incluso con algunos que no estaban muy versados con las complejas leyes de la pureza ritual.

Por eso, después de cada festividad, todos los vasos del Templo eran sumergidos en una “mikvé” con el objetivo de limpiarlos de cualquier posible contaminación por parte de un visitante que pudiera haber estado ritualmente impuro.

Ahora bien, la ley dice que “los vasos de madera que se usan sólo en un lugar fijo no son susceptibles de contaminación.” El Tabernáculo tenía dos altares, el “Altar de Oro” interior y el “Altar de Cobre” exterior, los cuales se usaban sólo en sus lugares fijos; estos estaban hechos de madera recubierta con oro o con cobre. 

Recuerde mantener presente que estamos hablando de los altares que no requerían inmersión después de las fiestas “porque estaban recubiertos”: aunque en el caso de un vaso de metal podía volverse impuro en tales circunstancias, pero como el metal de estos altares era solo un recubrimiento, estaba “anulado” (batel) en relación con sus cuerpos de madera, por lo tanto eran inmunes a la contaminación.

Las leyes de la Torá siempre tienen más de un significado. Al igual que el ser humano al que instruye e ilumina, la Torá consta tanto de un “cuerpo” y como de un “alma.” Cada ley, historia o dicho de la Torá también tiene un significado espiritual más profundo; cada tecnicismo legal también se comunica con el mundo interior del alma humana.

El Tabernáculo es más que un edificio físico dedicado al servicio de Dios; también es el modelo según el cual debemos construir nuestra propia vida como “santuarios” que albergan y expresan lo divino. Al ordenar a los hijos de Israel que construyan el Tabernáculo, Dios le dice a Moisés: “Harán para Mí un Santuario y Yo habitaré entre ellos.” 

Nuestros sabios señalan que la palabra hebrea “betojom” (entre ellos) significa literalmente “dentro de ellos”; en efecto, Dios está diciendo que Él desea una morada “dentro de todos y cada uno de ellos.” Es por eso que la Torá describe los diversos componentes y utensilios del Santuario con tanto detalle, ya que cada uno de ellos representa las facultades y atributos que componen al ser humano.

Es ahí donde reside el significado más profundo de la ley en relación a la INMUNIDAD de los altares frente a la impureza.

Algunos de estos vasos del “santuario” humano representan las diversas facultades intelectuales y emocionales de la persona; en ocasiones pueden contaminarse con influencias negativas. Pero los “altares” del alma, o sea, la capacidad del alma para la devoción desinteresada y el sacrificio por su Creador, no son susceptibles a la contaminación.

Este núcleo interior de la pureza no siempre es visible ni fácilmente accesible. El brillo de la vida material o, por el contrario, la desesperación causada por la pobreza y las dificultades pueden oscurecer el compromiso intrínseco del alma con Dios. 

Pero estos impedimentos que cubren «la madera,» ya sean los de “cobre” o los de “oro,” son meros revestimientos sobre los altares del alma, revestimientos cuyos efectos quedan “anulados” ante la presencia de la chispa divina que llevamos en nuestro interior.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Deja un comentario

Trending