Algo para Pensar–Parasha MIshpatim (jueves, 20 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que El Eterno ha dicho, y obedeceremos (Éxodo 24:7).

En preparación para la revelación en el Sinaí, Moisés leyó el “Libro del Pacto” (desde el comienzo de la Torá hasta lo que se había registrado en ese momento) a los hijos de Israel. “Y ellos dijeron: Todo lo que el Señor ha dicho haremos y obedeceremos (na’aseh venishma)” (Éxodo 24:7). 

Nuestra tradición vio en estas dos palabras, “na’aseh venishma,”  no sólo una indicación de consentimiento sino toda una filosofía de la religión. Porque la tradición no tradujo “na’aseh venishma” como “hacer y obedecer” sino cómo “hacer y entender.” 

Es el orden particular de esta expresión, la prioridad de la acción sobre el entendimiento, lo que fue aclamado por nuestros Sabios. Ellos nos dicen (cf. Yalkut Shimoni, Yitro 277) que incluso Dios estaba abrumado: “Una voz divina salió del cielo y gritó: ‘¿Quién reveló a Mis hijos este secreto que sólo los ángeles ministradores conocen?’”

Pero debemos ser honestos. Si la tradición judía admira la respuesta de “na’aseh venishma” y Dios se asombra de que el secreto haya sido descubierto, es evidente que nosotros, los ciudadanos del siglo XXI, nos sorprendemos pero por el motivo opuesto. 

El temperamento moderno ve en este enfoque un síntoma de la religión ciega, de la carencia de comprensión y presencia de lo irracional. Sin duda, una persona inteligente busca comprender antes de practicar, busca saber antes de comprometerse.

Entonces, ¿cómo podemos aceptar la entusiasta aprobación que hace el judaísmo de la expresión “na’aseh venishma”?

Lo primero que debemos hacer es comprender que aquí nos enfrentamos a dos enfoques radicalmente diferentes. El temperamento moderno puede ser considerado, caracterizado o enfocado a la autonomía. El hombre debe determinar por sí mismo cada acto, cada decisión, cada desafío. Ante una exigencia debe apelar a su intelecto y a su emoción ANTES de comprometerse con ella. 

Él, el hombre, es la medida de todas las cosas. Lo que hace debe surgir de su consentimiento interno y no serle impuesto externamente. El judaísmo, sin embargo, es teónomo.“Na’aseh venishma” no contempla al hombre como centro de todas las cosas, sino a Dios. Es el “nomos” de “Theos”, la ley de Dios, a la que nos sometemos con humildad. 

El judaísmo considera la autonomía en la esfera religiosa como un acto de arrogancia intelectual y presunción. El judío debe reconocer que “no hay sabiduría, ni entendimiento, ni consejo para el hombre en contra de El Eterno” (Proverbios 21:30). 

Sin duda, muchos de nosotros aquí experimentamos este choque y conflicto en nuestras mentes y almas. Como modernos, aceptamos la autonomía en la mayoría de las áreas de nuestras vidas. Nos gusta pensar que nunca hacemos las cosas sin antes entenderlas.

Sin embargo, en nuestro judaísmo nos comportamos teonómicamente. Observamos el Shabbat; ¿por qué? Nos ponemos los «tefilin,» pero no necesariamente entendemos el motivo o razón del mandamiento. Todos oramos en hebreo, pero no todos somos hebraístas.

Permítanme primero aclarar un punto. La filosofía de que no hay sabiduría ni comprensión, la actitud teónoma del judaísmo, no debe interpretarse como antiintelectual. Por el contrario, no hay religión en la historia de la humanidad que haya otorgado tan sublime valor al intelecto. 

El estudio de la Torá se considera un «keneged kulam», que prevalece sobre todos los demás preceptos. Inmediatamente antes de recitar el Shemá oramos: «lehavim lehaskil, lishmo’a lilnod ulelamed», «para comprender, conocer, apreciar, aprender y enseñar». 

Mientras simultáneamente mantenemos presente que, «na’aseh venishma» significa que nuestro compromiso no está condicionado por nuestro asentimiento racional, que nos sometemos a la voluntad de Dios incluso si no la entendemos o no nos gusta del todo. Ciertamente, intentamos comprender, pero nuestra conducta no depende de nuestra comprensión.

Sin embargo, aunque aceptamos esta idea o fundamento expresado a través de «na’aseh venishma» no podemos negar que a menudo nos hace sentir incómodos. ¿Cómo explicar esta molestia, no sólo a los demás sino a nosotros mismos?

De esto hablaremos en nuestra próxima reflexión.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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