
Algo para Pensar–Parasha MIshpatim (miércoles, 19 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno» (Éxodo 24: 9-10).
Parece ser que cuando enfrentamos un acontecimiento inimaginable que no puede ser asimilado ni comprendido, la mente humana se desplaza del centro a la periferia, presta atención a pequeñas cuestiones que pueden comprenderse, asimilarse, categorizarse y realizarse.
Frente a la enormidad del crimen y la tragedia, las personas más firmes, los pensadores más claros se entregaron a actos fáciles, ritualizados y ordinarios, prefiriendo las tareas fáciles, pequeñas y ordenadas que no representaban un desafío para ellos.
Cuando nos sentimos abrumados por la grandeza, ya sea alegre o triste, magnífica o monstruosa, nos desviamos hacia trivialidades sin sentido. Y esto conlleva un gran peligro, porque tal desviación conduce a la deserción, al abandono crítico y al fracaso moral y humano.
Cuando integramos estos elementos de la naturaleza humana en momentos inusuales se nos ofrece una explicación útil para comprender la conducta de los ancianos en el Monte Sinaí. A diferencia de Moisés, que fue un gigante y estaba acostumbrado al encuentro personal con Dios «panim el panim», «cara a cara» (Éxodo 33,11), los ancianos eran individuos de menor capacidad. Y así, cuando se encontraron con Dios, fueron abrumados.
Nada en su experiencia los había preparado para algo como esto. Estaban tan conmocionados, tan agitados y tambaleantes, que perdieron su equilibrio racional e, incapaces de contemplar la gloria de Dios, se tornaron hacia las tareas más fáciles, menos inspiradoras, más irrelevantes y sin desafíos que tenían al alcance de sus manos: «vayokhlu vayishtu», comenzaron a comer y beber.
Sin duda lo hicieron con sumo cuidado, lavándose, haciendo la bendición y dando las gracias. Pero fue un acto de desviación desde lo crucial hacia lo trivial. Tal como sucedió el dia que asesinaron al Presidente Kennedy.
Por lo tanto, el Midrash tiene razón: «vayokhlu vayishtu» apunta a su colapso. Pero Onkelos también tiene razón: es difícil culparlos, porque no fueron culpables de despreciar deliberadamente a Dios.
Como simples mortales, la magnitud de la experiencia de la revelación los desvió de un evento extraordinario, de algo totalmente fuera de lo común hacia un enfoque por lo trivial, periférico y secundario.
¡Estaban totalmente espantados y abrumados!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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