Algo para Pensar – Parasha Yitro (viernes, 14 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!
וְכָל־הָעָם רֹאִים אֶת־הַקּוֹלֹת וְאֶת־הַלַּפִּידִם וְאֵת קוֹל הַשֹּׁפָר וְאֶת־הָהָר עָשֵׁן וַיַּרְא הָעָם וַיָּנֻעוּ וַיַּעַמְדוּ מֵרָחֹק׃ «Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos.» (Éxodo 20:18)
Echémosle un vistazo a algunas diferencias entre el sentido visual y el sentido auditivo. Lo primero que llama nuestra atención es que la vista nos permite una experiencia íntimamente relacionada a lo físico. La vista es una experiencia muy física: vemos lo que es, y ya: su masa, su inmanencia, el hecho simple de su ser.
En cambio, la audición registra estímulos de naturaleza más metafísica. Vemos una pared, pero escuchamos música, inflexiones emocionales, ideas. Esto es aún más importante cuando tomamos en cuenta el otro significado de «oír,» que es «comprender». En hebreo, la palabra «shemi’ah» significa tanto «oír» como «comprender,» Oímos y entendemos cosas que son demasiado etéreas para ser captadas por el ojo físico.
Una segunda diferencia es la manera en que la vista y el oído nos afectan.
Hablamos de la medida de la impresión de sus hallazgos en nuestra mente y corazón. La vista es la facultad con mayor poder de convencimiento. Una vez que hemos visto algo con «nuestros propios ojos,» es casi imposible que otras evidencias sensoriales o pruebas racionales refuten lo que ahora sabemos.
La audición y la comprensión, por otra parte, son impresiones mucho menos vívidas en cuanto a la información que transmiten. Nos convencerán de ciertas verdades, pero no de manera tan inequívoca como lo hacen nuestros ojos. Lo que oímos y entendemos son hechos que nos han sido «probados»; lo que vemos es lo que consideramos real.
Como dato curioso, esta diferencia también se refleja en la ley de la Torá. El Talmud dictamina que un juez que ha sido testigo de un crimen no puede juzgar el caso. ¿Por qué no? ¿No es el objetivo del juicio que el juez conozca la verdad? ¡Aquí tenemos un juez que sabe lo que pasó, no por información de segunda mano recibida por parte de los testigos, sino por el testimonio de sus propios ojos!
Explica el Talmud: «Como ha visto al acusado cometer el crimen, es incapaz de verlo en lo correcto.» Un juez debe considerar más que lo que hizo o dejó de hacer el acusado; también debe examinar cuestiones como la intención y la culpabilidad.
Cuando el juez simplemente «escucha» de los testigos que el acusado cometió un acto criminal — incluso si está convencido de que dicen la verdad — todavía puede mantener la distancia adecuada para considerar objetivamente los otros factores que pueden absolver al acusado de culpa.
Pero cuando él mismo «vió» lo sucedido, el hecho del acto criminal del acusado no sólo es conocido sino también real para él, lo que le hace extremadamente difícil superar esta realidad inequívoca con consideraciones lógicas.
Estas dos diferencias entre vista y oído están interconectadas. Somos seres físicos que habitamos en un entorno físico. Lo físico es real para nosotros, mientras que lo conceptual y metafísico son elementos extraños e insustanciales.
Así, la vista, que percibe objetos físicos, es definitiva y absoluta, mientras que los intangibles percibidos a través del oído y la mente son, como mucho, «hechos probados,» siempre sujetos a reevaluación y reconsideración.
¡Qué tal si para nuestra próxima reflexión invitamos a un filósofo a ver si nos puede ayudar a comprender mejor este asunto!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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