Algo para Pensar (domingo, 19 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!


Durante la semana que inicia hoy, estaremos estudiando Parasha Va’era. Esta es la decimocuarta porción semanal de la Torá en el ciclo judío anual de lectura de la Torá. Porción de la Torá: Éxodo 6:2-9:35


Va’era es la segunda parashá del Libro del Éxodo. El nombre proviene de las primeras palabras del segundo versículo de la lectura, Éxodo 6:3, que dice: “Y me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso.” Comienza cuando Dios promete redimir a los israelitas esclavizados y llevarlos a la Tierra Prometida. Cuando Faraón se niega repetidamente a dejar ir a los israelitas, Dios envía una serie de plagas: agua convertida en sangre, ranas, piojos, animales salvajes, muerte del ganado, forúnculos y granizo.


«Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy El Eterno; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy El Eterno vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto» (Éxodo 6:6-7).


Algunos datos que debemos mantener presentes a medida avanzamos en nuestro análisis:


La primera etapa de la redención parece haber terminado en fracaso y frustración, con Moisés protestando ante Dios. Bajo la presión de un pueblo embrutecido, que cuestiona la autoridad con la que Moisés y Aarón han provocado a Faraón a adoptar políticas más duras, Moisés reclama: “Desde que vine a Faraón para hablar en tu nombre, él ha tratado peor a este pueblo; no has salvado a tu pueblo” (5:23).


En un movimiento sutil, él – Moisés – primero habla de “ESTE pueblo,” y luego de “TU pueblo”. “Este pueblo” posee un tono enajenante: el pueblo se convierte simplemente en objeto del discurso. “Tu pueblo,” por otro lado, sugiere cercanía, relación, la preocupación de Dios por la vida humana. De hecho, esta expresión trae a nuestra memoria la forma que Dios utilizó cuando habló con Moisés por primera vez en la zarza ardiente: “He visto la aflicción de MI pueblo…” (3:7). 


¿Estará Moisés citando las palabras de Dios, como si estuviera diciéndole: “¿Dónde está ahora esa empatía de la que TU hablaste con tanto empeño?” 


Resulta evidente que la radicalidad de la naturaleza de la protesta de Moisés no reside tanto en su descripción de un hecho objetivo —“las cosas han empeorado en lugar de mejorar”— si no en el tono irónico que emplea para comunicarle a Dios su desilusión y/o frustración. 

Sin duda, este es un momento peligroso en su relación con Dios. Dios ha hecho promesas, ha contado en esencia una historia que comenzó con empatía, terminando en una tierra que mana leche y miel. Ahora, Moisés relata una narración diferente, demoníaca, en la que los acontecimientos se están tornando trágicos.

Una narración del mal, del fracaso en la redención, del efecto perverso de su misión. En esta micro-narración, las enfáticas declaraciones de Dios están entre sarcásticas comillas plagadas de ironía: “De hecho, no has salvado a ‘Tu pueblo’.” 

Ciertamente, el escenario no es muy halagador. En las palabras de Rashi, Moisés le ha hablado con dureza a Dios. Dios le responde reafirmando sus promesas y enfatizando su nombre: “Yo soy El Eterno” (6:2). Vincula su compromiso de salvar al pueblo hablándole de las promesas que le hizo a sus antepasados, Abraham, Isaac y Jacob que todavía no ha cumplido. Hay incluso, quizá, cierto matiz irónico en las palabras de Dios: “Yo también he oído el gemido de los israelitas” (6:5) —“¡No eres el único observador sensible en la escena!” (cf. Ha-amek Davar).

En esencia, las palabras de Dios son un mensaje renovado al pueblo. Una narrativa de insistente y dinámica esperanza con cuatro verbos de redención que llevan la imaginación desde el pasado al futuro:

“…yo os sacaré, os libraré, os redimiré y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios…” (Éxodo 6:6-7).

Éste es el mensaje que Moisés lleva al pueblo. Pero, una vez más, se produce la sacudida paralizante del fracaso. Todos los generosos sinónimos de Dios para la redención se encuentran con la indiferencia: “Así habló Moisés (ken- precisamente de esta manera) a los hijos de Israel, pero ellos no le escucharon, a causa de su debilidad y del duro trabajo” (6:9). La narración se ha detenido bruscamente.

Aparentemente, Dios ha cambiado de dirección, y ahora le dice a Moisés: “Ve y habla con Faraón, rey de Egipto, para que libere a los hijos de Israel de su tierra” (6:11). Moisés responde: “Los hijos de Israel no me han escuchado; ¿cómo, pues, me escuchará Faraón, si yo soy incircunciso de labios?” (6:12).

La respuesta de Moisés, nuevamente parece llevar la narración a un callejón sin salida, es uno de los ejemplos clásicos de “kal vachomer” (el “argumento a fortiore”) en la Torá. Se trata del argumento que pasa de una premisa menor a una mayor, como se aprecia en Génesis 44:8: “Hasta la plata que encontramos en las bocas de nuestras bolsas te la trajimos desde la tierra de Canaán; ¿cómo, entonces, hubiéramos robado plata ni oro de la casa de tu señor?.”  

Aquí también, la lógica es clara: si Israel, que tiene todas las razones para desear oír hablar de la redención, se ha negado a escucharme, entonces ¿cómo puedo esperar que el Faraón, cuyos intereses creados están claramente concentrados en mi contra, me escuche? 

En este punto, Moisés añade el “golpe de gracia” a su narrativa de futilidad: 

“…y yo soy de labios incircuncisos.”  Volviendo a su resistencia original ante la zarza ardiente, habla de sí mismo como alguien que no puede hablar. ¿Cómo puede entonces esperar que el Faraón y —en retrospectiva— los israelitas también —escuchen?

¿Puedes hacer el esfuerzo, de tan siquiera imaginar el convulsivo estado psico-emocional de Moisés? El faraón no le hace caso, su pueblo está enojado porque la situación ha empeorado, y Dios ahora tiene otro plan…

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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