Algo para Pensar – Segunda Parte (Shabbat, 18 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat shalom Lekulam!


“…entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy El Eterno vuestro Dios. Más ellos se rebelaron contra mi, y no quisieron obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto.” (Ezequiel 20:7-8)

En esta versión del relato del Éxodo, el pueblo había respondido con apatía a la oferta de Dios para liberarlos de Egipto. Rashi comenta que fue Aarón quien les comunicó la oferta de redención de Dios y las órdenes de echar a un lado sus ídolos. 


Aarón había servido como profeta antes del encuentro de Moisés con Dios en la zarza ardiente. La rebelión del pueblo — la expresión de su “incapacidad para la redención”— se da en forma de negaciones: fundamentalmente, “no quisieron escucharme”. El efecto es de apatía, la ausencia de una respuesta afirmativa. Es como si Dios no hubiera hablado, ya que ellos están profundamente reacios a escuchar.


Rambán trae a nuestra memoria  el relato de Ezequiel sobre la prehistoria de la redención, para dramatizar el misterioso giro de Dios hacia su pueblo esencialmente irredimible. En este impase, con un pueblo anestesiado y un Dios con el rostro vuelto hacia otro lado, aparecen las palabras de la percepción, de la atención: “Dios escuchó… Dios se acordó… Dios vio… Dios supo.»


¿Qué sabía Dios? En términos teológicos, la frase se encuentra precariamente en el borde de lo impropio. ¿Qué fue lo que Dios recién ahora oye, ve, recuerda, sabe? La respuesta de Rambán es citar las propias palabras de Dios a Moisés en la zarza ardiente: “Conozco su dolor” (3:7) y afirmar que fue el llanto del pueblo lo que hizo que Dios pasara de la ausencia de pasión a la compasión. Este cambio – el llanto humano y la participación divina en el dolor – es lo que hace posible la redención.
La ocasión inmediata del llanto del pueblo es, por supuesto, la muerte del Faraón.

¿Cuál es la lógica de tales lágrimas ante la muerte de un tirano? Los comentaristas especulan. Quizás sólo durante el período oficial de duelo por el faraón tienen tiempo para contemplar su propia angustia. 
Lo más importante para nuestro propósito es el efecto redentor de su clamor. HaAmek Davar* escribe sobre la forma en que un incipiente gemido de dolor crece hasta convertirse en una protesta, un interrogatorio a Dios: ¿cuál será el final de esto?


El punto final del proceso es: «y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos,«es decir, el grito se transmuta en oración. Del silencio brutalizado surge el grito que se convierte en uno de los eslabones esenciales de la historia de la redención.


¿Cuál es la función de este grito? Sefath Emeth** describe el proceso terapéutico en estos términos: «Antes de esto, estaban tan profundamente en el exilio que no sentían que estaban en el exilio. Ahora que entendieron el exilio y gimieron, comenzó una pequeña redención…» (Shemot, p. .18) 


El requisito básico de la libertad (redención) es tener conciencia del «exilio,» el gemido consciente de la alienación. Estar en el exilio y no darse cuenta, no sentirlo requiere una «gran salvación.» ¿Sabes dónde estás?


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Notas:* Ha’amek Davar es un comentario de la Torá escrito por el rabino Naftali Zvi Yehuda Berlin (1816-1893). El título se traduce como «Profundizar en el asunto»

** Comentario monumental de la Torá realizado por Rebe Yehuda Leib Alter de Ger, considerado uno de los pilares del pensamiento jasídico. El título del libro se basa en su último discurso, que terminó con Proverbios 12:19, «sefat emet tikon la’ad», que «los labios de la verdad serán establecidos para siempre».

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