Algo para Pensar (domingo, 12 enero 2025) Tiempo de lectura: 2 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Hoy damos inicio al estudio del segundo libro de la
Torá: Shemot (Éxodo).Parashat Shemot es la decimotercera porción semanal de la Torá en el ciclo judío anual de lectura de la Torá. Porción de la Torá: Éxodo 1:1- 6:1
Shemot (“Nombres”) es la primera lectura de la Torá en el Libro del Éxodo. Comienza describiendo la esclavitud de los israelitas en Egipto. Moisés nace, es colocado por su hermana mayor en una canasta junto a las aguas del Río Nilo y adoptado en la casa de Faraón. Más tarde tiene un encuentro con Dios en una zarza ardiente y comienza su misión de exigirle al Faraón que deje salir a los israelitas.
“Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia: son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia:” (Éxodo 1:1)
Éstos son los que ya están muertos, enumerados para indicarle al lector que ya no están. En la tradición judía, el libro se llama “El libro de los nombres”: una clara referencia a los nombres de los hijos de Israel, aquellos individuos que, en un momento de la historia, bajaron a Egipto y murieron allí, en unión s su hermano, José, quien los había precedido.
Lo que sigue, sin embargo, en esta meticulosa lista de muertos, es una explosión de vida, una descripción casi surrealista del surgimiento de una nación:
“Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra.” (Éxodo 1:7)
No hay nombres y tampoco hay rostros, pero éstos también son los “hijos de Israel.” ¿Cómo debemos leer esta descripción de fecundidad anónima? Hay dos posibles interpretaciones. Por un lado, se trata de una celebración de la plenitud, de la vida que brota de forma incontenible.
La primera de estas lecturas se interpreta como un cumplimiento de la promesa de Dios a Jacob: “No temas descender a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación” (Génesis 46:3). La expresión redundante de fertilidad se ha leído como denotando nacimientos múltiples, desarrollo saludable, ausencia de mortalidad fetal, infantil o adulta.
En las lecturas midráshicas, hay una sensación de milagro, quizá caprichoso, de la escandalosa victoria de la vida sobre la muerte: éstas, por ejemplo, toman las seis expresiones de fertilidad (fueron fructíferos, procrearon, se multiplicaron, aumentaron, mucho, muchísimo) para indicar que cada mujer dio a luz a sextillizos (“seis por vientre,” cf. Shemot Rabba 1:7).
La afirmación de vida contenida en estos contundentes sinónimos insinúa, en su exceso mismo, un orden trascendente de significado: “Aunque José y sus hermanos murieron, su Dios no murió, sino que los hijos de Israel fueron fructíferos y se multiplicaron…” (ibid).
El midrash desea descifrar la incontenible cascada de nacimientos, no sólo como una bendición sino como muestra de la “supervivencia de Dios.” La generación que se conecta con el pasado ya no existe. Pero de alguna manera, que no se explica completamente aquí, Dios expresa su intacta vitalidad a través del lenguajepresente en la excepcional fertilidad física de su pueblo.
Dios está con su pueblo, y en este caso la evidencia se manifiesta en el sorprendente nivel de nacimientos. Pero, hay una lectura — la segunda — alternativa de este pasaje que nos presenta otra forma de interpretación que analizaremos en nuestra próxima reflexión.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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