Algo para Pensar (lunes, 30 diciembre 2024) Tiempo de lectura: 3 minutos 
¡Shavua Tov Lekulam!


“Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también como sus hermanos. Y Tamar se fue, y estuvo en casa de su padre. Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Después Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a Timnat, él y su amigo Hira el adulamita.(Génesis 38:11-12)


Se nos dice que algo impactante ha sucedido: la esposa de Judá ha muerto. Ahora está solo. Él encuentra consuelo asistiendo a la fiesta de esquileo de las ovejas. Mientras tanto, con el paso del tiempo, Tamar se da cuenta que está en un aprieto: legalmente está atada a Shela y tiene prohibido casarse con otra persona, pero entiende que nunca será entregada a él. 


Es entonces cuando se da cuenta que su predicamento requiere hacer algo radical: se disfraza de prostituta y se ubica estratégicamente en una encrucijada. Con el rostro cubierto, Judá la encuentra y tiene relaciones con ella sin darse cuenta que es Tamar quien comparte su lecho; una extraña repetición de la noche de bodas de su padre Jacob con su madre Lea.

Cuando llega el momento de pagarle por sus servicios, resulta que Judá no tiene medios disponibles para hacerlo, y Tamar solicita una garantía — el bastón, el sello y el manto de Judá —  hasta que él pueda enviar una cabra para cubrir el pago.(¿Todo esto por una cabra?)

Llama la atención que la palabra hebrea para garantía  es “eravon”, la cual es una aliteración** basada en los nombre de los dos maridos muertos de Tamar, Er y Onán; en hebreo, “er veonan.” 


El subterfugio de Tamar funciona. En primer lugar, ella logra quedar embarazada como resultado de su encuentro con Judá, lo que garantiza que permanecerá dentro de su clan a pesar de los mejores esfuerzos de Judá para impedirlo. 


En segundo lugar, Judá no se da cuenta de quién es ella durante el encuentro. Cuando más tarde envía una cabra con su amigo para pagar a la prostituta, todos en el área niegan saber que haya una mujer así allí. Judá sigue siendo deudor mientras que Tamar conserva su bastón, su capa y su anillo.


Este relato abarca muchos años, en éste se incluye el matrimonio inicial de Judá y el nacimiento de sus tres hijos, quienes con el tiempo alcanzan la edad de casarse. Según el texto de la Torá, dos de los nietos de Judá producto de su relación con Tamar, concebidos sólo después que Shela alcanza la edad de casarse, se encuentran entre los que descienden con Jacob a Egipto (46:12). 


Dado que solo pasan veintidós años desde la venta de José hasta el viaje final de la familia a Egipto, este extenso relato debe haber comenzado mucho antes de la venta de José, y su inclusión aquí como una interrupción en la narrativa de José está claramente diseñado para introducir temas necesarios como parte de esta narrativa más amplia.


El lector astuto ya empieza a notar cómo esta historia se va entretejiendo sutilmente en la narración más holgada. Tanto José como Judá se casan con mujeres extranjeras de la casa del maldito Cam; ambos protagonistas pierden sus ropas en una escena de engaño; ambos tienen cabras como parte del engaño (los hermanos usan sangre de cabra para manchar la túnica de José y engañar a su padre, mientras que Judá intenta pagarle a Tamar con una cabra); y tanto José como Judá pierden sus signos de autoridad: a José le arrancan su “ketonet” especial, y Judá pierde su bastón, su sello y su manto.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Notas** La aliteración es una figura retórica que consiste en repetir uno o más sonidos en palabras cercanas para crear un efecto expresivo.

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