Un enfoque judío de la disonancia cognitiva
por Shalvi Waldman
Traducción y/o paráfrasis: drigs, CEJSPR
¿Qué sucede cuando mis esfuerzos y mi realidad no coinciden? Me gustaría ser una buscadora espiritual intelectualmente honesta, una esposa y madre cálida, amorosa y dinámica, una amiga solidaria; pero al final del día, me miro frente al espejo y veo a una mujer molesta y cansada, donde lo único que quiero hacer es tomar una taza de café y comerme una barra de chocolate. Deseo echar a un lado todo lo que tenga que ver con espiritualidad y a cualquiera que se interponga entre mi taza y yo.
Los psicólogos han llamado a esta tensión incómoda que surge de tener dos pensamientos en conflicto en la mente al mismo tiempo, «disonancia cognitiva».
A los humanos nos resulta muy perturbador estar atrapados entre un sistema de creencias y una realidad que lo contrarresta.
La experimentación psicológica ha demostrado que cuando las personas se encuentran en una situación que se opone a lo que piensan o creen, a menudo prefieren cambiar de opinión antes de cambiar la situación, para resolver la incomodidad de la disonancia cognitiva. En 1957, Leon Festinger publicó una teoría de la disonancia cognitiva; sin embargo, una ojeada a la Torá nos permitirá detectar los casos de este fenómeno presentes hace miles de años.
En el “Cantar de los Cantares”, el rey Salomón escribe: “Estoy dormido, pero mi corazón está despierto. La voz de mi Amado está llamando. . .” El Midrash (1) entiende que a menudo hay dos fuerzas opuestas dentro de una persona, una espiritualmente dormida, y otra despierta. Se presenta el ejemplo del breve período de tiempo en el que el pueblo judío estuvo involucrado simultáneamente en la formación del becerro de oro así como en la construcción del Mishkán, el Tabernáculo. Estoy dormido: construí el becerro, pero mi corazón está despierto, creé un lugar de descanso para lo divino que está dentro. Mientras estamos atrapados en nuestra dicotomía humana, nuestro Amado Di-s, quien está al tanto de nuestros esfuerzos y nuestros desafíos, llama a la puerta y pide que lo dejemos entrar en nuestras vidas.
Dos áreas en las que a menudo tenemos deseos en conflicto son el dinero y el tiempo. Son recursos limitados, y constantemente necesitamos decidir cómo usar lo que tenemos.
Durante años, Elizabeth, una profesora de inglés, le ha estado diciendo a la escuela donde estudia su hija que necesitan mejorar la biblioteca. Las computadoras son viejas y anticuadas. Los libros son pocos y están rotos. Incluso las paredes necesitan una mano de pintura fresca. La biblioteca escolar debe ser un lugar de emoción y aventura, abriendo a sus alumnos mundos de curiosidad y oportunidades.
Luego de mucho esfuerzo, finalmente, la escuela anuncia que realizarán una cena de recaudación de fondos para renovar completamente la biblioteca. Piden trescientos dólares por un par de entradas para la cena. Elizabeth sabe cuánta falta hacen las renovaciones, pero había estado mirando un hermoso vestido que desea comprarse. Acababa de recibir su reembolso de impuestos y estaba a punto de ir de compras cuando la invitación llegó por correo.
Mientras debate si su reembolso debe gastarse en el centro comercial o en la biblioteca de la escuela, contempla cómo su hija ya está en quinto grado este año. Tendrá solo un año más en la escuela antes de ir a la escuela intermedia. Para cuando terminen de recaudar dinero y hacer cambios, hay pocas posibilidades de que ella use y disfrute la nueva biblioteca.
Elizabeth cree en las mejoras que la escuela quiere hacer, incluso si su hija no está allí para disfrutarlas; mi corazón está despierto, ¡pero es difícil renunciar al atuendo que había estado deseando durante meses! Estoy dormida.
Si Elizabeth no puede encontrar en su corazón cómo justificar la compra de los boletos y hacer la donación, la disonancia cognitiva podría influir en ella, diciéndose a sí misma algo como, “de todos modos, hoy día, la mayoría de las familias tienen buenas computadoras en casa, y hay una biblioteca pública a la que podrían ir si quieren. Realmente pueden tomar los libros prestados. No es mi responsabilidad preocuparme por todos los niños, etc.”
Podríamos imaginar otro escenario similar donde el tiempo es el protagonista. Es una tontería, pero te gusta ir una vez a la semana y hacerte la manicura. Te codeas con la esteticista, te sientes mimada y disfrutas relajándote un poco. Cuando estás saliendo por la puerta de tu casa, te llama la tía Hilda. Fue al hospital para un chequeo, y se suponía que vendrían a buscarla para llevarla de regreso a su casa. Ha estado esperando durante una hora y no aparecieron. Su artritis está empeorando y necesita regresar y descansar. “Cariño, ¿serías tan amable de venir a buscarme? No creo que tenga suficiente dinero para un taxi. Siempre has sido mi sobrina favorita, ¿sabes?”
Conociendo a la tía Hilda, seguramente tiene suficiente dinero en su bolso, y si no, entonces en su escondite en el jarrón que está sobre el piano de cola en el estudio. La tía Hilda es un encanto, pero habla mucho. Fuiste a visitarla el fin de semana pasado, y no puedes cancelar tu cita a última hora,; en adición, tú también debes cuidarte, ¿verdad? En una hora, los niños llegarán a casa y esta es tu oportunidad. Así que te dices a ti misma que no debes olviderte de enviarle una tarjeta la próxima semana por su cumpleaños, y convences a titi Hilda para que tome un taxi.
Para poder disfrutar de tu manicura en este punto, tendrás que seguir convenciéndote a ti misma (y probablemente a la esteticista) de que hiciste lo correcto. De lo contrario, la incómoda sensación de disonancia cognitiva, y una buena dosis de culpa, arruinarán tu día.
Luego está la mamá que ha leído “todos” los libros sobre crianza, todos los cuales están de acuerdo en que abofetear a un niño/a no es una técnica de crianza de primera línea, pero al final concluye dándole a su hijo/a una buena paliza. Esa noche en su cama, se dice a sí misma que es importante educar a sus hijos/as de una manera que se sienta natural para ella, y que una nalgada ocasional solo fortalecerá a su hijo/a; después de todo, sus padres la azotaron y ella salió bien, bien.
En estos ejemplos, todos comenzaron queriendo hacer lo correcto, pero cuando las circunstancias se volvieron contra ellos, se volvieron contra sí mismos, dejando que sus mentes siguieran el curso de su realidad externa y perdiendo un elemento vital de sí mismos en el proceso.
La disonancia cognitiva no es un enemigo. Puede tener beneficios, si aprendemos a aprovecharlos a nuestro favor. Los sabios del Talmud sabían esto cuando dijeron que incluso si uno aprende Torá «no por el bien del cielo», debe continuar, y finalmente, aprenderá «por el bien del cielo». O, como dice el Sefer Hachinuch, “El corazón está influenciado por la acción”.
En el mundo de hoy, alguien que hace algo positivo sin creer plenamente en ello se llama hipócrita. Los judíos lo llamarían crecimiento espiritual. En la porción de la Torá de esta semana, Behaaloteja, algunos israelitas anónimos demostraron los asombrosos resultados que pueden surgir si no permitimos que las racionalizaciones tomen el control cuando no somos capaces de cumplir nuestras metas espirituales de inmediato.
Moisés había enseñado al pueblo las leyes del Korban Pesach, el sacrificio pascual. Debía ser traído el 14 de Nisán para conmemorar el Éxodo. Sin embargo, alguien que era ritualmente impuro no podía participar de él.
Un par de judíos se dieron cuenta de que su impureza espiritual les iba a impedir participar en esta celebración tan importante. Estoy dormido. Se acercaron a Moisés y le dijeron: “Entendemos que la ley que enseñaste es de Di-s y es buena, pero no queremos quedarnos fuera. ¡Queremos ser parte de la exaltación nacional! Mi corazón está despierto. ¿Qué debemos hacer?»
Moisés estaba convencido de que debido a su sinceridad, Di-s les daría una directiva especial. Les dijo que esperaran; una consulta Divina resultó en la mitzvá de Pesaj Sheini. Aquellos que estaban ritualmente impuros el día de la ofrenda de la Pascua nacional o estaban demasiado lejos de Jerusalén para llegar a tiempo podían venir un mes después, el 14 de Iyar, y traer su sacrificio en ese momento.
Podrían haber dicho fácilmente: “Si nuestro sacrificio no es necesario, ¡bien! No lo daremos”, pero insistieron en tener una parte en la mitzvá. No solo obtuvieron lo que pidieron, sino que se agregó una nueva mitzvá y un capítulo completo de la Torá gracias a ellos.
La disonancia cognitiva puede ayudarnos a racionalizar nuestras creencias de una manera positiva, siempre que nos mantengamos enfocados y no nos rindamos porque aún no estamos al 100 por ciento. Puede derribarnos si no somos conscientes de su poder y de las racionalizaciones que son sus ayudantes de confianza. Esfuércese por sus metas espirituales. Cuando las circunstancias se interpongan en tu camino, no permitas que las justificaciones empañen tus sueños.
El crecimiento solo puede ocurrir cuando nos permitimos cierta inconsistencia. No tengas miedo de dar un paso en la buena dirección solo porque aún no puedes ver el final del camino. Acordaos, la voz de mi Amado está llamando.
NOTAS
1. Shemot Rabá 33:3.
Deja un comentario