La historia de dos oraciones

Por Rav Kook

Traducción y/o paráfrasis: drigs, CEJSPR

Una breve oración por Miriam

Cuando Miriam enfermó de lepra, Moisés suplicó a Dios que sanara a su hermana, diciendo una oración notablemente breve: “Por favor, Dios, por favor, sánala” (Núm. 12:13). El Talmud (Berajot 34a) tomó nota de la inusual brevedad de esta oración en la siguiente historia:

Una vez, un estudiante dirigió las oraciones en la casa de estudio del rabino Eliezer, y sus oraciones fueron inusualmente largas. Los otros estudiantes se quejaron: «Maestro, ¡qué lento es este tipo!» El rabino Eliezer les respondió: “Él no es más lento que Moisés, quien abogó por el pueblo judío [después del pecado del becerro de oro] durante cuarenta días y cuarenta noches”.

En otra ocasión, un estudiante diferente dirigió las oraciones. Este estudiante recitó las oraciones rápidamente. Los otros estudiantes se quejaron: «¡Qué precipitado es este tipo!» Esta vez, el rabino Eliezer respondió: «No se apresura más que Moisés, quien suplicó por la recuperación de su hermana con unas pocas palabras».

¿Qué determinó la duración de las oraciones de Moisés? ¿Por qué su propia hermana mereció solo una breve oración de una línea?

Dos tipos de oración

La oración cumple dos funciones. La primera función es refinar los rasgos del carácter y profundizar la conciencia, ya sea para la persona que ora o para la persona por la que se ora. Este tipo de oración requiere tenacidad y perseverancia, ya que la corrección de los rasgos defectuosos requiere un esfuerzo prolongado, y por lo general, ocurre gradualmente con el tiempo.

Por esta razón, Moisés necesitaba orar extensamente cuando oró por el pueblo judío después del calamitoso pecado del becerro de oro. ¿Por qué cuarenta días? Este período es el tiempo que tarda un embrión en desarrollar extremidades y volverse reconocible como un feto humano. Los cuarenta días de oración de Moisés indicaron un renacimiento del pueblo judío, con un corazón y un espíritu nuevo.

Hay, sin embargo, una segunda función de la oración. A veces, las emociones internas y los rasgos de carácter ya han sido refinados y purificados. La oración sólo viene a poner en palabras lo que ya existe en el interior del alma. En tales casos, una oración prolongada es innecesaria; de hecho, una oración breve puede expresar muchos sentimientos santos. En el caso de Miriam, ella ya había reconocido su error. Su curación, tanto física como espiritual, requirió solo una breve y sencilla oración.

Moraleja: Nuestro trabajo es discernir cuándo se ora de forma prolongada, o cuándo de forma breve.

Deja un comentario

Trending